El primer animal… ¿era macho o hembra?

La pregunta no ha sido escrita por un niño de 10 años ávido de conocimiento, sino por una persona adulta que posee un medio donde dice difundir la “verdadera ciencia”. Esto no sé que me produce si risa o tristeza. Bueno sí, risa. No, tristeza. Que no, que risa. Bueno, en realidad produce risa y tristeza a la vez. Produce la misma risa que la que puede ocasionar la ocurrencia de un niño que está empezando a conocer el mundo. Fruto de esa inocencia, los niños rompen con cualquier tratado de lógica, le dan la vuelta a todo y te plantean cuestiones de lo más divertidas. Un aspecto típico de los niños es su visión teleológica del mundo, según la cual todo existe con un fin. Así las montañas existen para que las escalemos o los árboles existen para darnos sombra. Pero lo que ya no resulta tan gracioso es que esta mentalidad propia de los niños de 10 años se mantenga en la etapa adulta. Escuchar frases infantiles en personas maduras da tristeza. Puede ser comprensible en personas que no han tenido (o no han querido tener) acceso a una educación adecuada, pero es de lo más llamativo en quienes sí han sido instruidos.

Pero cuando analizo el origen de la frase que abre este artículo me produce preocupación. El término “verdadera ciencia” ya escama, pero un paseo por dicho medio hace comprender lo que ocurre. En realidad es un blog de doctrina evangélica cristiana que, de muy malos modos, dicta qué resultados científicos pueden ser aceptados y cuáles no. Por supuesto el criterio no es otro que un filtro meramente religioso, por mucho que lo disfrace de terminología robada al ambiente científico-académico. Lo más penoso es que este tipo de blogs abundan por Internet, en multitud de idiomas y de credos. El carácter anticientífico de estos medios es demoledor, no se conforman con criticar los resultados que ha ciencia ha obtenido, sino que en su afán de desprestigio, llegan a tratar a los investigadores que han logrados dichos resultados de miserables corruptos. Su agenda es muy clara, y no la ocultan: censurar en las escuelas todo conocimiento que entre en contradicción con la lectura literal de la Biblia. Ese mensaje se repite en otras sectas de algunas religiones, así encontramos medios de fundamentalistas islámicos o judíos, que tampoco aceptan muchos datos científicos, justificándolo en un incumplimiento de la línea literal de la Torá o del Corán. Y lo habéis adivinado, lo contenidos censurados no son los mismos, aunque la fijación con la evolución es constante en el ámbito integrista.

Personas que intentan velar por la correcta enseñanza de las ciencias, como Eugenie Scott, han escrito mucho sobre el tema, y realizan un gran trabajo al amparo de la Academia de Ciencias de EEUU. Esa figura, y sobre todo el apoyo académico al mismo, se echa en menos en muchos países, quedando esa labor en manos de esforzados científicos, que para colmo, son calificados por muchos de radicales. Pero no es ninguna broma, las nuevas tecnologías de difusión permiten que frases como la que sigue tengan el mismo valor, para muchas personas, que un artículo sobre fotosíntesis escrito por un profesor de biología:

Pero las plantas no crean oxígeno; eso es otro anticientificismo más de la ensoñación evolucionista, otra distorsión de la realidad, aunque lo avale un millón de agentes NASA con 150 títulos universitarios, y 25 doctorados evolutivos, geológicos, físicos, químicos, o lo que sea que les intente respaldar. Decir eso es anticientífico, por mucha bata blanca que se vista, y por muchas fotos que se tiren bajo diplomas procedentes de gloria de hombres.

Este párrafo es un gran ejemplo ya que muestra dos vertientes. Por un lado cómo el autor trata de eliminar la validez un conocimiento científico más que contrastado durante décadas de investigación y por otro menospreciar a las personas que han obtenido esos resultados, pero como el autor alude, puede ser miles. Da igual que sean unos pocos, decenas, miles o millones los investigadores que avalen los resultados, su doctrina siempre estará por encima.

En este enlace podréis leer otras frases demenciales. Sé que parecen anécdotas, por supuesto que en el mundo de la ciencia lo son. Lo que no es una anécdota es la capacidad de estos movimientos radicales religiosos de influir en la sociedad. Si la sociedad termina viendo a la ciencia como un enemigo, le dará la espalda, algo que aplaudiría cualquier integrista.

La ciencia es la espada de Satanas que se usa para desprestigiar la Biblia

Si eso ocurre dejarán de formarse los profesionales necesarios para resolver muchos de los grandes problemas que hoy tenemos. También significará que será más complicado alcanzar el objetivo de llegar a conocer nuestro cosmos y a nosotros mismos de una forma adecuada. Esas frases que se trasmiten como virales en los blogs creacionistas pueden producir risa, pero detrás hay algo que es más preocupante.

PD: Quisiera agradecer a Logos77alterego el préstamo de las frases creacionistas que aparecen en este artículo.

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