Juan Pablo Culasso: SuperCerebro, uruguayo y ganador

Juan Pablo Culasso, un joven ciego uruguayo de 28 años, fue el ganador de SuperCerebros, un programa latinoamericano emitido por Natgeo que comenzó el 13 de enero y finalizó este lunes.

El uruguayo, que se hizo famoso en 1994 luego de realizar una publicidad para la Fundación Braille con su célebre frase de “Vaya, vaya dijo la tortuga…”, se llevó US$ 45.000 de premio en una competencia que reunió a 20 participantes. Una de las pruebas que debió superar en la gran final fue distinguir el sonido de 15 aves elegidas al azar.

Aviso que ganó un premio

La realización del aviso estuvo a cargo de la agencia Branding y la dirección correspondió a Leo Ricagni.

El comercial fue un éxito. No sólo porque se terminó convirtiendo en un clásico sino porque ganó una Campana de Oro (1994), premio que otorga la Cámara de Anunciantes del Uruguay. Pero además fue exhibido en otros países de América Latina con la misma repercusión. “Por las vibraciones que sentimos, no dudamos que será un éxito”, dijeron dirigentes de la Fundación Braille de Uruguay cuando asistieron en su momento a la presentación, cuenta una fuente de la agencia Branding.

Esa es justamente su especialidad, según cuenta en su sitio web personal: “Desde niño tuve contacto con las aves. Las aprecio de otras maneras no tan comunes. El no verlas con los ojos no significa que no las pueda conocer. Las veo de otra manera, a través de sus voces”.

También participó otro uruguayo, que finalizó quinto. Se trata de Enrique Ortega Salinas, especialista en memoria a largo plazo, autor de los libros Inteligencia extrema, Secretos de un calculista y Cómo lograr que los demás se salgan con la nuestra. Figura en el libro los récords Guinness por haber memorizado un número de 320 cifras con una sola lectura y un mazo de naipes en 49 segundos.

El programa fue conducido por el chileno Rafael Araneda con participaciones especiales del actor mexicano Alfonso Herrera (RBD), el músico y compositor mexicano Benny Ibarra (Hop) y la actriz colombiana María Adelaida Puerta (Tiempo final).

Para darle al ciclo un marco teórico se contó con la participación del doctor en física y especialista en procesos mentales, el argentino Andrés Rieznik, que en cada episodio desentraña diversos aspectos del funcionamiento del cerebro humano para determinadas habilidades, dando a conocer varios datos curiosos que sorprenderán al público.

Aquí el  bloque completo en que Juan Pablo concursa y gana:

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ENTREVISTA MANO A MANO

Por Mandy Barrios, de Espectador.com

¿Cómo fue la experiencia de competir con 20 “supercerebros” de América Latina?

La experiencia fue buena en muchos sentidos. No conocía gente de tantos países, nunca había estado con gente con capacidades tan variadas. El que más me impresionó fue el cubano que podía multiplicar un número de 5 cifras por otro de 5 dígitos en menos de 28 segundos.

Por otro lado, la convivencia con ellos fue muy buena, nos llevábamos muy bien y no hubo ningún tipo de problema porque era una competencia tranquila donde cada uno presentaba su prueba por separado. Fue una experiencia muy linda la que pasamos juntos grabando en San Pablo.

¿Conocías a Enrique Ortega Salinas?

No. Me sorprendió la fórmula que aplicó en el tablero de ajedrez y lo que hizo con la memorización de las fechas históricas. Siempre fui medio cero a la izquierda en todo lo que tiene que ver con matemática, entonces me llamó mucho la atención.

¿Cómo repercutió el resultado del concurso “Supercerebros” en tu vida personal?

Fue algo completamente absurdo, pero en el buen sentido. ¡Me escribieron maestras que tuve en el jardín de infantes! También se comunicó mucha gente que se sintió identificada con el mensaje que dejé en “Supercerebros” sobre la cuestión  de la complicación de las personas con discapacidad para calificarse y conseguir empleo.

Para mí lo más importante fue la posibilidad de pasar ese mensaje y divulgarlo no solo en Uruguay, sino en toda América Latina. Ojalá que colocar ese granito de arena pueda cambiar la situación que se vive hoy. Por ejemplo, en cuanto a la complicación para conseguir trabajo y tener una vida digna e independiente, además de la cuestión del estudio, ya que sin estudiar no se puede hacer nada.

Además, me quedé muy contento de cómo fue editado el programa porque no hubo ningún momento sensacionalista. Fue una cuestión que yo dejé ahí plasmada y es algo triste, pero real. No fue tocado ni nada.

¿Qué vas a hacer con el premio de 45 mil dólares?

Quiero comprar mejores equipos para obtener mejores grabaciones. También estoy planeando un viaje para ir a unos parques en el norte de Estados Unidos. Son lugares que quedan en Michigan y Minnesota.

Quiero conocerlos porque dicen que las selvas boreales son increíbles. Además, voy a comprar equipos de altísima gama como los que se utilizan en las series de HBO que no tendría jamás acceso a ellos, pero ahora se me da la oportunidad con este premio.

¿Cuándo empezaste a estudiar el sonido de las aves y por qué?

Profesionalmente hace 12 años, pero me llevó hasta el día de hoy construir un nombre alrededor de esto, que me empiecen a reconocer como referencia en cuestión de grabación, edición de sonido y todo lo relacionado con la naturaleza.

No hay muchas personas que lo hagan de forma exclusiva, la mayoría son fotógrafos, pero son poquísimos los que realmente dedican todo su tiempo a grabar sonidos en el campo. Por esa razón, es una actividad que me ha permitido comenzar a dar conferencias y workshops al respecto. Les enseño a los demás: cómo se hace, cómo se dice, qué grabadores elegir y un montón de cuestiones relacionadas con el tipo de micrófonos.

Elegí las aves porque son los sonidos que más se destacan en la naturaleza. Comencé con ellos, pero hace un par de años empecé a grabar los llamados ambientes sonoros que conforman la gran orquesta de la naturaleza.

En otra ocasión mencionaste que tu “gran desafío” siempre fue poder “estudiar”. Pero tuviste que irte a seguir tus estudios a Brasil, ¿por qué?

En Uruguay comencé a estudiar Relaciones Internacionales y el quiebre llegó cuando estaba grabando en una clase de Historia de las Ideas y una profesora dijo textualmente: “a mí no me gusta que los alumnos vengan con grabador. A mí me gusta que los alumnos vengan a clase y tengan el texto fotocopiado en las manos, escuchen y subrayen mientras yo también lo voy leyendo”.

En ese momento dije: esto no es adecuado. Sentí que en ese lugar no me dieron la bienvenida y me lo tomé muy mal, aunque éramos 300 o 400 personas me tocó a mí.

 ¿Qué carreras universitarias podrías haber estudiado en Uruguay?

Derecho, Psicología y Filosofía, pero no quería hacer ninguna de esas y me tuve que ir a buscar una puerta a otro lado. Ahora ya hace 10 años que vivo en Brasil.

¿Hay disponibilidad de textos de estudio en Braille en Uruguay?

Hoy en día la tecnológica ha llegado a tal punto que  no se precisa más textos en braile. Se puede ver un texto digitalizado en una computadora y no es tan difícil. Incluso hay escáneres que se conectan automáticamente a las páginas y permiten escanear un libro en 20 minutos.

La tecnología ya no limita y permite el acceso pleno a la información. Lo que pasa es que las personas tenemos que hacer que se rompan esas barreras actitudinales. Los demás tienen que entender que hay personas diferentes que pueden hacer lo mismo que ellos, pero desde otra perspectiva.

Cuando ellos van a leer un texto con sus ojos, yo lo voy a leer con una voz sintética en una computadora o desde un braile con las manos. Cuando ellos van a ver una película, yo voy a entenderla con un recurso de audio descripción. Y cuando ellos van a ver un mapa con sus ojos, yo lo voy a tocar de manera accesible, de forma táctil como una maqueta.

Tenías 7 años cuando fuiste seleccionado para protagonizar el aviso de televisión para recaudar fondos para la Fundación Braille del Uruguay. ¿Crees que ha mejorado la situación en Uruguay desde aquella época?

Más o menos, a veces hay algunas iniciativas, pero lamentablemente la inclusión de alumnos no ha llegado a buen puerto.

¿Qué significa para ti la mascota que te acompaña a toda hora?

Ronja es increíble. Está en todas. El factor de integración que tiene es formidable. Aunque es una triste realidad también porque cuando vas caminando con el bastón la gente te ve de una manera y ni te conocen, te colocan la etiqueta. Pero con el perro es totalmente lo contrario: es un superhéroe. 

CONECTATE EN ESPAÑOL con nuestro compatriota ganador y ejemplar

“Estoy enterrado en Uruguay”

“Viendo lo que se hizo y lo que no, pienso: `maldita sea la hora que hice el aviso`”, dice el protagonista ciego del famoso comercial “Vaya, vaya, dijo la tortuga…”.

CATERINA NOTARGIOVANNI

Juan Pablo Culasso tenía siete años cuando fue seleccionado para protagonizar un aviso de televisión. Allí se lo veía de espaldas, sentado en un escritorio y leyendo un texto infantil en voz alta: “Vaya, vaya, dijo la tortuga gigante”, comenzaba diciendo, con la lectura lenta y cortada de los niños. Fue en 1994, en el marco de una campaña de la Fundación Braille del Uruguay para recaudar fondos, y la realización estuvo a cargo de la agencia Branding. Ese tramo del spot quedó grabado en la memoria colectiva. Tanto, que para muchos uruguayos es difícil no asociar la palabra “vaya” con “dijo la tortuga gigante”.

Hoy Juan Pablo tiene 23 años y no recuerda con mucho cariño aquel aviso. No tanto por las repercusiones inmediatas (“en la calle todo el mundo me reconocía y me pellizcaba”), sino porque “no dio ningún fruto para los ciegos del Uruguay”, afirma sin ocultar cierto enojo.

Además cuenta sobre lo intrincado que le resultó terminar el liceo, de las maestras y profesores que se negaron a tomarse el trabajo de enseñarle y de la frustración que le produce el hecho de haberse tenido que ir a estudiar a Brasil, entre otras cosas, porque su ingreso a la Facultad de Ciencias fue rechazado. “Dicen que no tienen la pedagogía necesaria para aceptar a un ciego”, señala el joven que sueña con convertirse en biólogo.

-¿Por qué dice que fue una “lucha” terminar el liceo?

-Porque muchos profesores no te querían enseñar nada. Les era más fácil poner en la libreta 6 o 7, pasarte de año y no tener que bancarte. Te puedo hablar diez horas sobre lo que fue hacer el liceo y terminarlo. Esas cosas hoy me están complicando.

-¿Qué quiere decir?

-Que cuando quiero dar un examen me preguntan cosas que supuestamente aprendí en el liceo pero que no sé. Cosas de química o física, por ejemplo.

-¿Qué dedicación especial tendría que tener un profesor con usted?

-Por ejemplo, que lo que dibuja en el pizarrón me lo haga en un papel con puntitos en Braille. O darme un material con las descripciones de las láminas que mostrará en clase. Sólo eso. No es que me tiene que explicar cuánto es dos más dos. Me debe dar las mismas cosas que a los demás. Yo no lo voy a ver, pero lo voy a entender de otra manera.

-¿Qué carreras universitarias podría hacer en Uruguay?

-Acá estoy condenado a hacer Derecho, Psicología, Comunicación, Filosofía. No así Historia o Geografía porque se usan mapas. En Derecho, vas, grabás tus clases, las pasás a Braille y listo. Claro, es todo texto, sólo tenés que leer. Ahora, en biología no es así porque hay dibujos.

-¿Existe alguna universidad en América Latina preparada para recibir no videntes?

-No, ninguna. El único ciego biólogo del mundo se formó en Berkeley, California. Trabaja con moluscos y descubrió muchas cosas con los dedos que otros no vieron con el microscopio. Yo lo contacté, y me contó que su profesor le remarcaba con lapicera los dibujos.

-¿Qué pasa con la disponibilidad de textos de estudio en Braille?

-El Braille está extinto para textos de 200 o 300 páginas. Hoy tenemos la computadora y los libros en formato digital, que se leen con un lector de pantalla y/o con una línea Braille. Pero eso es muy caro, cuesta unos US$ 4.000 o US$ 5.000. Además, una impresora de caracteres en Braille sale US$ 7.000 u US$ 8.000.

-¿Conoce a alguien que tenga esa tecnología en Uruguay?

-Particulares no. Que yo sepa alguna institución la tiene pero ese es otro tema. La mayoría cuenta con ellas pero las encajonan, dicen que no las tienen o que las usan poco.

-¿Se refiere a la Fundación Braille?

– Sí. Yo les hice un comercial con el que recaudaron US$ 160.000. La mayoría de esa plata se fue en congresos y esas cosas. A los ciegos del Uruguay lo único que le siguen entregando es la revista en Braille Martín Pescador, que no sirve absolutamente para nada. Es una pena porque los recursos están. Muchas instituciones tienen de esas impresoras a 150 caracteres por segundo, o sea, 300 páginas en media horita. Pero vos les mandás un archivo y te dicen que lo tienen que ver, que lo tienen que reconfigurar… al final se lo envías un jueves y ellos ven si te lo pueden imprimir para dentro de dos semanas. Te la complican porque los profesores te lo piden para ya. No me refiero sólo a la Fundación Braille, hablo de todas, ninguna se salva.

-Pero quienes integran esas asociaciones también son ciegos…

-Lo son, claro. Y es una pena porque somos pocos y el Estado no nos da mucho corte. Entonces, en vez de unirse y hacer un frente común todos quieren pelear por dos migajas de cada uno. Al final queda toda esa cosa disgregada. Por ejemplo, a uno que no le gusta tal cosa va y crea la Uncu (N de R: Unión Nacional de Ciegos del Uruguay), y así. Al final termina siendo una asociación con dos miembros.

-¿Cómo se siente al respecto?

-Ah, frustrado. Por eso me fui a estudiar a Brasil. Acá estaba enterrado. Allá estoy flotando. No es la octava maravilla, hay que adaptarse, aprender un idioma nuevo y la misma mediocridad que hay aquí está allá. Pero las posibilidades están. En Uruguay, la Facultad de Ciencias me dice que no tiene la pedagogía necesaria para aceptar a un ciego. Allá la cosa no es tan diferente, también depende de la voluntad de los profesores, pero al menos no dicen que no. Eso ya es un paso.

-¿Se arrepiente de haber hecho el aviso para la Fundación Braille?

-No, sabés que no. Bueno, desde un punto de vista materialista y viendo lo que se hizo y lo que no se hizo, pienso: `maldita sea la hora en que hice ese aviso`. Porque para los ciegos no dio ningún fruto. Sólo para unos pocos. Como persona común no vi ningún resultado. Si ahora viene la Fundación Braille y me dice que se hizo tal y tal cosa, ok; pero yo no sé lo que se hizo porque a mí no llegó.

Buscar afuera. Aprovechando que el padre viaja a Brasil por asuntos laborales, y mientras espera que le confirmen el ingreso a la universidad, el joven colabora voluntariamente con un laboratorio local de bioacústica en que analizan los sonidos de los pájaros. “Me entreno en reconocer sonidos desde los ocho años”, cuenta. Durante la entrevista, Juan Pablo pudo demostrar esos dotes: “Tenés una Nikon D300”, le dijo a la fotógrafa después del primer clic. Era una D200, se equivocó por muy poco.

Culasso es ciego de nacimiento, se crió en el barrio Atahualpa y tiene dos hermanos. Su padre es analista de sistemas y su madre artista plástica. Para ellos no tiene más que palabras de reconocimiento. “Fui criado normal. No en una silla escuchando la radio sin salir de casa. O con eso de no hagas esto que te vas a caer. Andaba en bicicleta, a caballo, corría, patinaba, nunca se me prohibieron este tipo de cosas”, relata. “Claro que tengo mis limitaciones. Pero lo que me da un poco de rabia es que son las otras personas las que más me lo recuerdan. A veces trato de no acordarme. Solamente cuando no puedo hacer determinada tarea, pido ayuda. Mientras tanto quiero que me dejen a mí”, agrega.

El humor, de sabor ácido por cierto, es un rasgo característico del joven. “Hoy, soy yo el que hace chistes de ciegos”, cuenta. “Pero antes me dolía mucho escuchar comentarios como `ahí va el monstruito`”. Reírse primero parece ser la estrategia.

A propósito de acidez, Juan Pablo está al tanto de que el “Vaya, vaya” del aviso fue insumo para chistes de todo tipo. “Sí, inclusive los chicos de Justicia Infinita hicieron alguna broma. Yo me reía y me decía: `sigan haciéndola muchachos, que yo estoy escuchando`. Creo que hay chistes bien hechos y en buena hora, y hay otros muy buenos pero en mala hora. No soy de esas personas que se quedan llorando porque soy `el cieguito` pero… ¡mandale un abrazo a tu hermana, Cammarotta!”, remata.

Juan Pablo está desilusionado por tener que salir buscar el sueño de ser biólogo en otro lugar. Pero prefiere irse a hacer una carrera por descarte. Hacerlo sería elegir el camino fácil, y está claro que eso no va con alguien como él.

También participó de la competencia televisiva el uruguayo  Enrique Ortega Salinas, especialista en memoria a largo plazo, autor de los libros Inteligencia extrema, Secretos de un calculista y Cómo lograr que los demás se salgan con la nuestra.

Ortega figura en el libro de los récords Guinness por haber memorizado un número de 320 cifras con una sola lectura y un mazo de naipes en 49 segundos.

El programa fue conducido por el chileno Rafael Araneda, contando con las participaciones especiales del actor mexicano Alfonso Herrera, el músico y compositor mexicano Benny Ibarra y la actriz colombiana María Adelaida Puerta (Tiempo final).

Para darle al ciclo un marco teórico se contó con la participación del doctor en física y especialista en procesos mentales Andrés Rieznik, que en cada episodio desentraña diversos aspectos del funcionamiento del cerebro humano para determinadas habilidades, dando a conocer varios datos curiosos.

Rechazado en Facultad de Ciencias, “Supercerebro” en NatGeo

 

Juan Pablo Culasso es capaz de distinguir 500 especies de ave con solo escucharlas. Este uruguayo de 27 años vive en Brasil desde 2002 y trabaja grabando sonidos de la naturaleza, en especial los cantos de las aves de América Latina. Su ceguera le impidió estudiar en Uruguay pero este año ganó el primer certamen de “Supercerebros” de National Geographic.

Por: Redacción 180

Entrevista de Joel Rosenberg y Ricardo Leiva a Juan Pablo Culasso en el programa No toquen nada de Océano FM

 

Joel Rosenberg: Juan Pablo, buen día, ¿cómo andás?

 

Juan Pablo Culasso: ¿Cómo estás, Joel? ¿Todo bien?

 

Bien, gracias por atendernos, felicitaciones.

 

Muchísimas gracias.

 

¿Estás en San Pablo?

 

Sí.

 

¿Vivís desde qué año allí?

 

En realidad estoy desenvolviendo mis estudios. Voy y vuelvo a Uruguay.

 

¿En San Pablo estás haciendo cosas en la universidad?

 

En el museo de zoología de la Universidad de San Pablo comencé a desempeñar las tareas de digitalización y archivo de las grabaciones sonoras que ellos tienen de aves. Tienen muchísimo material pero está todo muy desordenado, muy desorganizado, y ellos me adjudicaron esa tarea porque ya tengo experiencia anterior. Hay que enfrentarla, es una tarea muy bonita, me gusta mucho. Hacer lo que uno hace no es un trabajo, es un gusto, no lo considero como una actividad obligada.

 

Hay mucho de autodidacta, ¿pero qué estudiaste?

 

Estuve dos años y medio, casi tres, en el laboratorio de Archivo Sonoro NeoTropical. En ese archivo aprendí todo lo que tiene que ver con digitalización, catalogación, conservación de grabaciones de naturalezas, qué datos se tienen que catalogar, qué no, cómo. A su vez tengo estudios en cuestiones de edición y masterización en sonido. Es un poco estudio y otro poco autodidacta porque esta cuestión de la gente, de no querer salirse del cuadrado, decir que es todo pantalla, es gráfico, pero en realidad la edición de sonido se puede hacer perfectamente con los oídos.

 

Y con mucho trabajo de campo, ¿no? En tu página aparecés con un aparato que graba los sonidos.

 

Sí, el trabajo de campo me gusta muchísimo más que editar. Y el aparato en la página es un reflector parabólico, básicamente el sonido pega dentro de la parábola, se amplifica y un micrófono lo capta. Es como si fuera una lupa.

 

¿Salís habitualmente a campo a hacer registros?

 

Sí, sí. Lo más periódico posible intento ir a campo.

 

¿Cómo llegaste a Supercerebros?

 

Son más de 12 años trabajando con aves y publicando discos, dando conferencias. Me entero que sale en varios diarios que National Geographic está haciendo castings, buscando personas con capacidades de memoria diferencial. A su vez ellos también entran en contacto conmigo. Y hay todo un filtro. Te piden documentación que demuestre lo que uno hace, referencias. Luego se hace algún tipo de demostración. Todo para que no ocurra ningún tipo de problema a la hora del programa. Quedé muy contento que National Geographic haya confiado en mí y haya colocado algo tan interesante que es la observación de las aves a través del oído, que la gran mayoría de esta actividad se hace por medio de imágenes. Hay muchísimos fotógrafos de naturaleza, la proporción es de 100 a 1 para los que graban exclusivamente.

 

Es una actividad que es linda de hacer pero requiere mucha paciencia y muchísima dedicación porque ahí llegamos a otra cuestión que es la identificación por medio únicamente del sonido. En estas selvas tan densas en Brasil es muy difícil ver, generalmente el 90 o 95% de las veces primero se escucha y después se intenta ver. Por eso yo a veces las salidas de campo las disfruto mucho más que otras personas que intentan fotografiar.

 

Primero llega el sonido.

 

Son estratos de 50 metros de altura y densos, no se ve nada, es algo totalmente oscuro.

 

¿Dónde se desarrolló el programa?

 

Se grabó en San Pablo.

 

¿Cómo se desarrolla? Primero les hacen pruebas que miden la competencia de cada uno. Me impresionó mucho ver al peruano en cálculo mental.

 

Inclusive yo pensé que él iba a ganar. Yo se lo dije a él. Las pruebas de matemática siempre me parecieron increíbles porque fui medio cero a la izquierda en matemática yo. Sí, éramos 20 participantes, se dividió en bloques de cuatro.

 

 

 

 

En la final vota el público que está allí.

 

Sí, es una platea que la propia productora se encarga de seleccionar.

 

En No toquen nada le hicieron escuchar los sonidos de aves que fueron parte de las pruebas en Supercerebros y Juan Pablo explicó cómo identificó esos sonidos.

 

– Esa es Formicivora Litoralis. Yo llego a esa conclusión porque uno va guardando en su cabeza diferentes patrones de cantos de las diferentes familias y géneros. Entonces ya sé que es Formicivora porque generalmente tienen notas musicales bien secas y cortas. Y Litoralis generalmente canta a dúo y cerca de la costa. Si se percatan bien del fondo de esa grabación, tiene mar. Y hay más de uno. Se asocia a través de eso. Yo generalmente asocio por notas musicales, ritmos, escalas, acordes, porque tuve educación musical de piano. No todos las hacen. “Para mí esa Formicivora es como si alguien estuviera martillando un metal”.

 

Ricardo Leiva: Te la hicieron fácil (risas)

 

Hubo dos que fueron más complicadas: Formicivora Litoralis y la tercera, Aramus Guarauna, que la nota musical que prepondera es un mi de cuarta y quinta octava, así me la imagino en el piano. A partir de esos patrones voy grabando los sonidos de las aves.

 

 

 

 

Vos tenés una formación musical y la usás todo el tiempo.

 

La formación musical la uso todo el tiempo y para todo. Para guardar voces de personas, por ejemplo. Esa cuestión del oído absoluto a veces te permite grabar muchísima información de todo tipo y no solamente con las aves la uso.

 

El premio de 45.000 dólares te va a servir, le dijiste al conductor del programa. ¿Dónde se pueden usar?

 

Voy a comprar equipos nuevos, mejores de los que tengo hasta ahora. Siempre mis padres me dieron total apoyo en esto, me dan hasta el día de hoy, y siempre la lucharon para que yo tuviera equipos y condiciones buenas para desempeñar mi trabajo. Este premio realmente me va a permitir un salto cualititativo muy grande en mis registros sonoros. Uno de los equipos es usado, muchos productores los usan para grabar series de HBO, es algo de primera línea. Y digitar algunos lugares que son un poco difíciles de llegar. Un lugar que me encantaría grabar, y no sé si lo podré hacer, es en la Antártida, grabar glaciares y esas cuestiones.

 

Te voy a proponer un salto hacia atrás. ¿Cuántos años tenías en la publicidad de Fundación Braille?

 

Tenía ocho años, fue grabada a fines de 1994.

 

 

 

 

Una publicidad a beneficio de la Fundación Braille, que tuvo una recordación enorme…

 

Y la sigue teniendo hasta el día de hoy.

 

El “vaya, vaya” nos ha quedado a todos. Me imagino que te lo siguen repitiendo hasta el hartazgo.

 

Sí.

 

Leí una nota de 2009 de la periodista Caterina Notargiovanni en el diario El País, cuando esto del premio era muy lejano, y vos tenías resquemor o cierta sensación ambigua con esa publicidad, ¿no? No tenías la mejor impresión histórica de esa publicidad.

 

Cuando la grabé mi idea de una persona leyendo un libro. Luego uno va creciendo y va viendo cómo funcionan las cosas, y ahí entramos en esa cuestión de la educación que fue tan difícil y complicada, y el objetivo de la publicidad era supuestamente allanar caminos obteniendo material de apoyo para todos. Y realmente el sistema educativo no ayuda mucho, lo que sí hay es excepciones a la regla: profesores que realmente tienen la camiseta de la enseñanza muy bien puesta y adoptan un desafío. Por ejemplo en la escuela que yo fui integrado el maestro de quinto año aprendió a leer braille en un mes. Otros maestros no aprendieron nunca, mi padre se tenía que quedar despierto hasta las dos o tres de la mañana traduciendo con lapicera mis trabajos. También en la cuestión de idiomas extranjeros: por un lado algunos institutos muy renombrados me cerraban las puerta y ellos tenían altísimas condiciones de conseguirme materiales oficiales en braille, amigos de la familia como Daniel Ottonello venía a mi casa y me daba tres o cuatro horas de inglés tres veces por semana.

 

Pero como el maestro de quinto año era la voluntad de alguien.

 

Es una carretera de doble vía: yo tengo la intención pero a su vez la otra parte también tiene que tenerla para que la cosa funcione. El sistema en sí no te lo da. Son partes de ese sistema, profesores, que quieren enseñar y desafiarse a sí mismos. En matemática, por ejemplo, muchísimas complicaciones con algunos profesores, pero destaco positivamente a mi profesora de primer año de liceo, Marita, que realmente sí se puso la camiseta y me enseñó todo lo que me pudo enseñar en ese año.

 

Lo que te podía brindar el sistema no era lo que necesitas, pero algunas personas hacían el esfuerzo para poder brindarte eso.

 

Lo peor de todo es que no es por una cuestión tecnológica, porque la tecnología ya superó ampliamente esa cuestión del acceso a la información. Desde una película que tiene audiodescripción hasta mapas táctiles o libros digitalizados. El acceso está, falta un poco de interés nomás.

 

En la escuela y el liceo tenías algunos de estos problemas, imagino que podés contarnos horas…

 

Libros y libros de historias de cosas totalmente bizarras.

 

Incluso de la otra parte; profesores o maestros que no tuvieron esa buena voluntad.

 

Hay de todo.

 

Y que te trancaron las cosas.

 

Bastante. Era más fácil poner el aprobado en la libreta que enseñar.

 

“Me ponían aprobado y lo que hacían era generarme un daño enorme. Yo pasaba pero sin el conocimiento”, decías.

 

Claro. Y eso más tarde te perjudica muchísimo. Uno después paga el precio por no haber obtenido el conocimiento en aquel momento.

 

Y vos querías, pero era “mejor lo pasamos”.

 

Era el camino fácil. Y yo siempre fui de tomar el camino más difícil. Siempre fui y voy a seguir siendo así.

 

¿Qué querías estudiar y no pudiste?

 

Intenté la parte de biología para justamente esta formalizar el trabajo con las aves.

 

¿En la Facultad de Ciencias? ¿Qué pasó?

 

Dijeron “me parece bárbaro pero no podemos atenderte”. Algo así.

 

¿No tenían capacidad de enseñarte por ser ciego?

 

Sí, exactamente eso, con otro tipo de palabras. Se usa decir una cosa con otro tipo de palabras para que no suene tan pesado pero al final termina siendo lo mismo.

 

¿Eso fue parte de que te vayas?

 

Y sí, si el sistema no te acepta y te propone algo que no te gusta, no te queda otra que irte.

 

Mientras nosotros recordábamos el “vaya, vaya” vos tuviste un trancazo tras otro. Vos y todos los demás.

 

No solo yo, todos. Demorábamos tres a cuatro meses para recibir un libro en braille impreso, cuando el profesor te lo pedía al otro día. Eso también es perjudicial.

 

Braille es un sistema que se usa pero no es de los más modernos, ¿no?

 

Yo soy un poco antiguo en esas cuestiones. Para idiomas extranjeros prefiero braille, prefiero tocar las letras y palabras y leerlas, no me acostumbré a leer libros muy grandes en inglés con la computadora. Es una cuestión de aprender la ortografía del idioma, gramática, etcétera. Ahora, para un libro best seller o didáctico en el idioma de uno, leerlo en la computadora es lo mejor que puede haber. No ocupa lugar. Una página en tinta son cuatro o cinco en braille.

 

¿Cómo es leerlo en la computadora?

 

Existen los llamados lectores de pantalla. Simplificando la idea: los softwares traducen todo lo que aparece en pantalla a voz. Una página web, un mail. Con diferentes comandos de teclado uno puede solicitar diferentes informaciones.

 

RL: No solo para leer libros sino también para trabajar o entretenerte con otras cosas en la computadora.

 

Sin lugar a duda. Si estoy en un lugar X, alguien llega y me ve trabajando en la computadora no se entera que soy ciego porque lo hacemos a la par.

 

En nuestro país todavía no está muy desarrollado en la educación.

 

No, no sé, no creo que esté. No sé si las computadoras que brindan tienen accesibilidad.

 

Cuando ganaste le dedicaste el triunfo a tus padres. A las dos o tres de la mañana te acompaña tu padre al trabajo de campo.

 

Sí, porque cuando uno va a grabar un paisaje sonoro tiene que llegar al local mucho antes de clarear, para uno poder colocar los micrófonos bien, orientar. Son caminos muy complicados que tenés que ir despacio porque hay muchas piedras, a veces llegás con 30 o 40 minutos de antelación. Duran muy poco los amaneceres, que es donde está el mayor pico de actividad de las aves.

 

¿Qué apoyo han sido tus padres y qué tipo de hijo quisieron criar?

 

Siempre quisieron criar el hijo más normal posible, no siempre colocando la cuestión de ceguera delante de todo. Nunca fui superprotegido. Siempre anduve en bicicleta, a caballo. El profesor de inglés Daniel Ottonello me llevó a volar un avión y me dejó por algunos instantes el comando del avión allá arriba. En esa cuestión no tengo más que agradecerles porque siemrpe hice lo que yo tuve ganas, nunca me dijeron “no podés”. “Intentá” y “si no podés, te enteraste que no pudiste, seguís con otra cosa”. No es “no lo hagas porque no vas a poder”. Hoy en día viajo solo para todos lados. Salté en paracaídas hace un tiempo. El año pasado en una feria internacional en Colombia tuve la gran chance de subir hasta un glaciar a 4.850 metros y tocar el hielo. Soy medio aventurero, siempre me gustaron esas cosas y nunca me hice limitar por la discapacidad, me olvido que está. Quienes a veces no se olvidan que está son las otras personas que nunca convivieron, y como decía en National Geographic, están con esa cuestión de prejuicios y mente cerrada y a veces es muy difícil, muy frustrante.

 

 

 

 

 

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