Primer consorcio de innovacion del Uruguay

Centrará su actividad en: “salud animal, biomedicina, genómica y química verde”. Sus objetivos serán “la generación, captación y transferencia de conocimiento científico-tecnológico que contribuya a mejorar la competitividad de las empresas nacionales”.

Las cinco instituciones participantes realizarán proyectos conjuntos de carácter multidisciplinario.

Según se informó, el consorcio será regido por una junta directiva honoraria compuesta por un representante y un suplente de las cinco organizaciones.

Innovación, desarrollo y conocimiento


“Los avances se lograrán con más presupuesto y con más eficiencia en los gastos, así como en la conformación de un sistema y la concreción de una masa crítica vinculada a estos temas”, expresó el secretario de Estado.
El ministro de Industria, Energía y Minería, Roberto Kreimerman resaltó el trabajo de las cinco instituciones firmantes en cuanto a “innovación, desarrollo y aplicación de conocimientos para el desarrollo productivo del Uruguay”.

Según el jerarca, las áreas elegidas para la labor del primer Consorcio tienen “ventajas posibles”.

A la firma del convenio asistieron, además del ministro Kreimerman: Fernando Amestoy del Parque Científico Tecnológico de Pando, Álvaro Roel del INIA, Pablo Zunino del Instituto Clemente Estable, Henry Engler de CUDIM y Luis Barbeito del Instituto Pasteur.

Cinco instituciones dedicadas a la investigación y la innovación crearán el primer consorcio nacional que, trabajando en áreas clave y en forma sinérgica, tiene como prioridad la generación y transferencia de conocimiento científico-tecnológico para mejor la competitividad de las empresas. Kreimerman participó del acto y destacó esta labor de cara al desarrollo del país.

El ministro de Industria, Energía y Minería, Roberto Kreimerman, asistió a la creación formal del Primer Consorcio de Innovación del país, integrado por el Parque Científico Tecnológico de Pando (PCTP), el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable del Ministerio de Educación y Cultura (MEC-IIBCE),  el Centro Uruguayo de Imagenología Nuclear (Cudim) y el Instituto Pasteur Montevideo (IPM).

La firma del convenio que dará nacimiento legal a la institución se realizó este jueves en la sala de Directorio del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM). La lista de firmantes incluyó a Fernando Amestoy, del PCTP; Álvaro Roel, del INIA; Pablo Zunino, del MEC-IIBCE; Henry Engler, del Cudim; y Luis Barbeito, del IPM.

El proyecto, pionero en el país, centrará su actividad en las áreas de salud animal, biomedicina, genómica y química verde, y tiene como prioridad la generación, captación y transferencia de conocimiento científico-tecnológico que contribuya a mejorar la competitividad de las empresas nacionales vinculadas a estas áreas.

Las cinco instituciones participantes se proponen realizar proyectos conjuntos de I+D+i, especialmente de carácter multidisciplinar. Para ello llevarán adelante programas conjuntos de formación y capacitación de investigadores y técnicos, y pondrán a disposición de los proyectos comunes infraestructura, equipamiento y recursos humanos.

El consorcio, que será regido por una junta directiva honoraria compuesta por un representante y un suplente de las cinco organizaciones, se propone incorporar a nuevos miembros en un futuro cercano.

Sinergias

Durante el acto, el ministro Kreimerman agradeció en nombre del Gobierno el trabajo de las cinco instituciones firmantes en cuanto a innovación, desarrollo y aplicación de conocimientos para el desarrollo productivo del Uruguay. Este trabajo es “clave” para el país, que crecerá gracias a la investigación y la innovación, subrayó.

El jerarca señaló que ha habido políticas públicas que impulsan la innovación y la investigación, aunque en un país en desarrollo es difícil disponer de presupuesto y demanda de las empresas en estas temáticas.  Añadió que los avances se lograrán con más presupuesto y con más eficiencia en los gastos, así como en la conformación de un sistema y la concreción de una masa crítica vinculada a estos temas.

Por otra parte, Kreimerman destacó las áreas elegidas para la labor del Primer Consorcio, ya que en ellas Uruguay tiene “ventajas posibles”: una base agropecuaria “fantástica”, un mercado amplio dentro de la región y coordinación internacional. A esto se añade la capacidad de nuestra gente, algo demostrado en áreas específicas y evidente tanto en la presencia de uruguayos de labor destacada en el exterior, como en el hecho de que las instituciones locales se han reforzado y se han creado otras nuevas. Esto se debe a las políticas públicas y al esfuerzo de varios particulares que las han impulsado, dijo el ministro.

El Primer Consorcio, cerró el jerarca, es una “maduración” y un “paso cualitativo” que proviene de las propias instituciones participantes, que perciben que el uso más eficiente de los recursos en el campo científico “siempre es el trabajo en red”. Este permitirá al país llegar a un nivel superior, afirmó.

Por su parte, el presidente del PCTP, Fernando Amestoy, definió a la creación del Primer Consorcio como “un primer paso para generar sinergias y optimizar recursos”, y agregó que este modelo ha sido adoptado por varios países. Esto incluye la elaboración de agendas comunes con “temas a potenciar” y “problemas a resolver”, explicó.

En tanto, el director general del Cudim, Henry Engler, dijo que este convenio “es un paso sumamente importante” para un país pequeño donde han confluido, en los últimos años, una serie de proyectos inimaginables tiempo atrás. Añadió que cada centro que interviene en el consorcio tiene “múltiples contactos internacionales” para potenciar sus esfuerzos. “El beneficio para el país puede ser importantísimo”, aseveró, y para ello, sostuvo, se debe trabajar con “concentración y eficacia”.

Luis Barbeito, director ejecutivo del IPM, manifestó en tanto su satisfacción por el hecho de que instituciones relevantes para el desarrollo tecnológico y científico del país se unan para generar sinergia. Añadió que se trata de una “vieja idea” del doctor Alberto Nieto, y manifestó que en este consorcio la Universidad de la República estará representada “indirectamente”. Por último, garantizó el compromiso del IPM para trabajar hacia un Uruguay basado en el conocimiento y la tecnología, con trabajo en equipo y el apoyo del Gobierno, ya que se trata de una “política de Estado que va a perdurar” y permitirá al país ser competitivo a escala regional.

Asimismo Álvaro Roel, presidente del INIA, dijo que el avance de la ciencia pasa por “las innovaciones tecnológicas, pero también por las institucionales”, como la creación de este consorcio. Gracias a él, se potenciarán las capacidades de las cinco instituciones, en el entendido de que ninguna de ellas puede resolver por sí sola los desafíos del país. Destacó además que esta iniciativa permitirá fomentar “lo más importante que tiene el país: el capital intelectual”.

Por último, el presidente del IIBCE, Pablo Zunino –que asistió en nombre del ministro Ricardo Ehrlich, de viaje por el exterior de país-, expresó la satisfacción de esta institución por participar de este proyecto y afirmó que hoy existen condiciones políticas e institucionales que hacen posibles estos acuerdos.

“>Pablo Miranda, estudiante avanzado de Facultad de Química, en el laboratorio del Parque Científico y Tecnológico de Pando.

Pablo Miranda, estudiante avanzado de Facultad de Química, en el laboratorio del Parque Científico y Tecnológico de Pando. Foto: Pablo Nogueira

Flor nacional

Edificio Ceibo de Pando potenciará investigación científica orientada a producción y empresas.

La construcción del edificio Ceibo, situado en el Parque Científico Tecnológico de Pando (PCTP), finalizará en setiembre. La iniciativa, que contemplará espacio para empresas e instituciones de innovación y desarrollo, se ubica en el predio del Polo Tecnológico de Pando (PTP), que desde hace diez años gestiona la Facultad de Química (FQ) de la Universidad de la República (Udelar).

El director del PTP, Fernando Amestoy, dijo a la diaria que aquel conjunto conforma “un mecanismo moderno de articulación academia-empresa”, aunque no deja de ver que en la Udelar “todavía no está la cultura del relacionamiento con el sector empresarial”.

El PCTP y el PTP tienen un común denominador en el desarrollo científico y tecnológico, distando en cuanto a fundación, institucionalidad y financiación. “Normalmente se asocia el Polo con el Parque y se genera la idea de que es lo mismo. El Polo es una unidad de la FQ ubicada en este edificio, que antes era de ANCAP. Hace unos diez años la FQ empezó a desarrollar acá algunas plataformas tecnológicas”, describió. Ambos emprendimientos se asocian mediante contenidos comunes de investigación. “Es una política de incorporar conocimiento, generar desarrollo de procesos y productos vinculados a determinados sectores afines a la FQ, que básicamente son: biotecnología, nanotecnología, química fina, sector farmacéutico, medio ambiente y servicios analíticos”.

Las más de siete hectáreas del predio, cedidas por ANCAP a la FQ, estarán en comodato hasta el fin del siglo. Pero el apoyo del gobierno al PCTP se manifestó también mediante otros actores. “El Ministerio de Industria, Energía y Minería [MIEM] está apoyando el Parque. Hay un acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas [MEF] porque esto es una cuestión de política pública de mediano y largo plazo”, señaló. El emprendimiento, ubicado en el recientemente construido bypass sobre la ruta 8, es además considerado estratégico para el desarrollo local. “La Intendencia de Canelones [IC] y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas han apostado a jerarquizar esto, dándole mucha accesibilidad: la ruta pasa frente al Parque, que también está conectado con el aeropuerto”. El Parque tendrá diez locales, 19 parcelas para empresas de base tecnológica y ocho oficinas para emprendimientos intensivos en conocimiento, y es el primero de este tipo en Uruguay. “Funciona en derecho privado, como una empresa, que tiene una Junta Directiva”. La Junta Directiva Honoraria del PTCP está integrada por el director del Polo, designado por la FQ, y delegados de la Cámara de Industrias, la IC y el MIEM. La lógica de la iniciativa consiste en ser “un aglutinador”, dada la situación de que “el investigador no puede hacer todo, investigar y salir a vender los servicios que realiza. Eso es poco eficiente, llegó la necesidad de tener una estructura nacional de gestión de la innovación, y sobre todo de vínculo con las empresas”.

Premoderna

Sin embargo, es diferente la situación del Polo, donde más de la mitad de la inversión, unos 5.416.000 euros, provino de los programas Enlaces y Uruguay Innova de la Unión Europea (UE). “Los laboratorios que tiene el Polo son tecnologías de punta, tienen equipos de última generación que, obviamente, hubiera sido difícil tener sin el apoyo de la UE”. Por otro lado, 55% del salario de los investigadores, unos 45 especialistas, es cubierto por el presupuesto de la FQ. El resto proviene de la contratación de investigaciones, tanto públicas como privadas, y de fondos competitivos concursables, a los que acceden las plataformas tecnológicas. “En la interna de la Universidad hay cierta dificultad de flujos de fondos para financiar este tipo de emprendimientos”, confirmó Amestoy. El aporte económico de la Udelar al Polo se vehiculiza “exclusivamente” a través del presupuesto asignado a la FQ. “No tiene apoyo adicional”, aseveró el entrevistado, que añadió: “En este momento, crecer iría en detrimento de la FQ”. El director del PTP reconoce que existen algunos “problemas” asociados a “la percepción de que esto no es Universidad”, a lo que el interlocutor agregó: “Si bien hay una Universidad más moderna, todavía no está la cultura del relacionamiento con el sector empresarial”. Después destacó la calidad del conocimiento que sustenta la labor referida y jerarquiza al emprendimiento. “Las plataformas no sólo son los equipos, que cualquiera puede manejar. Tenemos recursos humanos muy capacitados: casi todos los jefes de las plataformas son doctores o tienen posgrados en el exterior, son recursos humanos de primer nivel que están trabajando en temas directamente vinculados a la innovación”, fundamentó.

Ciencia oculta

La divulgación científica ocupó parte de la conversación que dio origen a esta nota. En general la sociedad desconoce que en el PTP se generan medicamentos disponibles en las farmacias, o que allí se analiza la yerba mate, entre otros alimentos, para conocer su impacto en la salud humana. En el área de innovación social la institución produjo estudios que fueron base de políticas sociales para adolescentes embarazadas con síndrome de abstinencia por el consumo de pasta base. En esa línea, los investigadores desarrollaron un kit para la Dirección Nacional de Narcóticos que permite detectar sustancias mediante la mezcla de químicos. El desarrollo de kits de inmunodiagnóstico para el mal de Chagas y la hidatidosis fue parte del trabajo de los universitarios con una empresa privada. El avance de una vacuna realizada para un frigorífico nacional tiene buenas perspectivas de exportarse a Chile. En el control de dopaje en caballos trabaja una de las plataformas del PTP. El área de medio ambiente estudia el agua que se consume en el país mediante un convenio con la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua. Y la lista podría ampliarse. El director del centro coincide en que la comunicación es un reto para la institución. “Que esté poco difundido [su trabajo] hace que haya un desgaste de negociación” con la Udelar, alegó. “La pelea para consolidar el modelo, validarlo y que después la sociedad se apropie de él es uno de los desafíos que tenemos”, admitió el gestor, para agregar después: “También que impacte más en el desarrollo local: queremos tener más vínculo con la ciudad de Pando, en todos los sentidos”, concluyó.

El método científico

En la recorrida por el edificio fue ineludible el encuentro con algunos de los investigadores para explorar en qué consiste su trabajo. La doctora en Química Carmen Lorenzo contó a la diaria algunos de los pasos que condujeron a la elaboración del kit de detección de enfermedades como toxoplasmosis e hidatidosis. Para conocer el proceso inmunológico es “necesario producir anticuerpos”, que se obtienen de “un bioterio de conejos y ratones” con que cuenta el laboratorio. “Nosotros producimos esa herramienta”, comentó la investigadora. Después de aquel paso, “se purifica la proteína de los anticuerpos y se ponen a punto las condiciones físico químicas para que funcionen en el kit”. Pero la ciencia también tiene sus tiempos, y el componente anímico no está entonces ausente. En el trabajo con “una empresa que produce vacunas”, para el que “ellos hacen el patógeno” y el laboratorio “sigue el cultivo”, se trabajó en “el desarrollo de un tipo de kit especial que llevó como dos años”. Por lo tanto, la actividad exige tener “paciencia y no sucumbir ante los fracasos: más veces son las que no te sale lo que esperás, que las que sí”, ilustró la científica. Cuando algo no resulta, hay que “variar las condiciones y mejorarlas hasta obtener el resultado” que se busca, recordó Lorenzo.

Malvina Galván
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