Reformulando las líneas evolutivas

UN DESCUBRIMIENTO QUE SACUDE A LA PALEOANTROPOLOGIA

Dmanisi, donde mueren las especies humanas

Un cráneo de 1,85 millón de años de antigüedad, descubierto en Asia, podría trastrocar por completo las etiquetas con las que conocemos a todos nuestros antepasados evolutivos, etiquetas que los científicos llaman especies. Si los descubridores del llamado Cráneo 5 de Dmanisi tienen razón, podrían terminar unificándose en tan sólo dos las especies humanas para más de 2 millones de años de historia evolutiva.Una foto de CIENCIAS en La Academia - matemáticas y otras.

Si pudiésemos darnos vuelta y mirar hacia atrás en el tiempo, veríamos varias líneas evolutivas que se alejan de nosotros hacia el horizonte, donde estaría el origen del género humano. De estas líneas sólo una conectaría con nosotros; a las otras las veríamos cortadas; una más lejos, otra más cerca. Pero si prestásemos atención a las etiquetas que los expertos fueron ubicando sobre cada especie, para que cualquier buen turista del tiempo pueda identificar a nuestros antepasados humanos, veríamos que son muchísimas, tal vez demasiadas.

Un cráneo fósil, descubierto en la República de Georgia (Asia), en el yacimiento de Dmanisi, ha llegado para desbaratar por completo esas etiquetas que tan divertidos contemplaban todos los turistas del tiempo. Se trata de un hallazgo magnífico, ya que es un cráneo totalmente completo, algo muy difícil de conseguir en el registro fósil, en tanto es muy raro que algunas partes de cráneo, especialmente las del rostro, sobrevivan al proceso de fosilización.

El llamado Cráneo 5 de Dmanisi (o D4500) tiene 1,85 millón de años de antigüedad. Es el único tan completo de ese período tan importante para conocer el origen del género humano. En el mismo yacimiento se ha descubierto una impresionante cantidad de fósiles, que ha permitido a David Lordkipanidze y colegas concluir que podrían aportar información suficiente para unificar a casi 14 especies diferentes del género Homo en tan sólo una o dos especies.

PARADIGMA SALPICADO

El estudio de la evolución humana ya lleva unos 150 años de historia. En su haber podemos encontrar hitos que llenaron los periódicos de titulares llamativos por sus implicancias. Podríamos nombrar algunos de los que se probaron correctos, luego de décadas de negación, como el descubrimiento del Pithecanthropus (ahora Homo erectus), por Eugène Dubois, en 1891; el anuncio de que el origen del hombre estaba en Africa, con el descubrimiento del Australopithecus africanus por parte de Raymond Dart en 1925, o el más reciente anuncio de una especie humana enana, el Hobbit de Flores, de tan sólo hace 18 mil años, anunciado en 2004 por Michael Morwood.

El anuncio de David Lordkipanidze y colegas en la revista Science no va a generar unas pocas olas o alguna salpicadura, sino un tsunami de artículos científicos. Porque ha llegado a desafiar un paradigma muy bien establecido en la comunidad científica de la paleoantropología al decir que no existe una gran diversidad de especies en el árbol evolutivo humano, sino algunas pocas muy variables.

VERBORRAGIA DE ESPECIES

Ahora, ¿por qué tantas especies? En divulgación se suele simplificar mencionando algunas de las especies del género humano, como el Homo habilis, Homo erectus, Homo neanderthalensis y la nuestra el Homo sapiens. Son las que todos deben haber escuchado aunque sea una vez. Pero si nos ponemos más estrictos, pueden llegar a dividirse hasta en 14 diferentes especies, dependiendo de los expertos que hayan escrito el artículo científico que tengamos a mano.

Lo cierto es que algunos paleoantropólogos tienen una cierta tendencia a la verborragia de especies, es decir, a nombrar una especie diferente por cada fósil que descubren que tiene algo un poco diferente a los que ya se conocían. Ocurre a veces que una característica más pronunciada alcanza para que el descubridor del fósil lo nombre como representante de una nueva.

Pero la patada que Lordkipanidze y colegas dieron al tablero llega para decir que el registro fósil para el género Homo, que incluye unas nueve especies que vivieron en un período que va desde hace 2,3 millones de años hasta 500 mil años atrás, sería una única especie. Algo así como lo que les comentaba que hacemos los divulgadores, para no apabullar con tantos y diferentes nombres como Homo habilis, Homo rudolfensis, Homo gautengensis, Homo ergaster, Homo georgicus, Homo soloensis, Homo pekinensis y Homo mauritanicus. Todos ellos pasarían a formar parte del Homo erectus.

Su trabajo también tiene implicancias sobre otras seis especies que, si la comunidad científica acepta los estudios publicados en el artículo de Science, deberían naufragar hacia nuestra especie: Homo sapiens. Por lo que casi 2,4 millones de años de evolución del género Homo tan sólo incluirían dos especies. En la actualidad, los expertos reconocen entre 9 y 17 especies diferentes, así que imaginen lo radical del postulado de Lordkipanidze.

DMANISI, CEMENTERIO DE ESPECIES

Ahora, ¿de dónde sale esta patada voladora a la paleoantropología? De cinco individuos descubiertos en Dmanisi, Georgia. Ubicado a menos de cien kilómetros de la capital, Tbilisi, es el yacimiento de fósiles humanos más antiguo descubierto fuera de Africa. Comenzó a excavarse de forma intensiva en los años ’60, y desde aquellos tiempos ha arrojado una increíble colección de fósiles de todo tipo de animales, humanos incluidos.

El interés para la paleoantropología comenzó en 1984, con el descubrimiento de herramientas de piedra, y en 1991, con los primeros fósiles humanos. Se cree que el yacimiento principal era un cubil de carnívoros al cual llevaban a sus presas, y entre ellas estaban nuestros antepasados. Los fósiles fueron conservados gracias a que el cubil colapsó, y los sepultó.

En 2005 se descubrió el cráneo más completo de uno de los primeros miembros de nuestro género humano, pero llevó ocho años de estudios, que recién se dan a conocer en Science. Esto viene a unirse a otros restos fósiles más fragmentarios de al menos cinco individuos diferentes, que no sólo compartieron espacio sino tiempo.

LOS CINCO DE DMANISI

De allí viene el aluvión. Se trata de cinco individuos bastante diferentes entre sí, tanto que diversos autores los han considerado especies diferentes. Todos ellos con una antigüedad de aproximadamente 1,85 millón de años. Pero, luego de que se lograse datar a los fósiles con precisión, se descubrió que todos habían vivido y fallecido dentro de un período de no más de 200 años.

El análisis publicado en Science realiza una comparación de la forma de los cráneos mediante programas de computación 3D, luego de haber digitalizado los fósiles. Con esta información en mano pudieron ver que las diferencias entre los cinco individuos se ubicaban dentro del rango que se puede ver hoy en día entre cinco personas diferentes, es decir, individuos de la misma especie. También pudieron ver que estaban dentro del rango de diferencia notada para los chimpancés.

Según los autores del estudio, este descubrimiento podría indicar que fósiles descubiertos en diferentes partes de Africa que recibieron un nombre de especie distintivo por estar alejados geográficamente, y por ser un poco diferentes, podrían ser en realidad miembros de una única especie. Hasta la fecha, diversos autores aducían que los individuos de Dmanisi correspondían a diferentes especies, y si realmente se hubiesen descubierto separados geográficamente, sin duda que habrían sido etiquetados de esa forma.

Las implicancias de estos postulados, para el estudio del pasado humano, son enormes. Desde la más radical, que dice que sólo existieron dos especies, hasta una visión más liviana, que indicaría que la diversidad dentro del árbol evolutivo humano debería revisarse, ya que no era tan amplia como se creía. La variación descubierta entre los cinco de Dmanisi, sin lugar a dudas, tendrá algo que decir sobre nuestra evolución, y la renovación que aportará al campo de la paleoantropología será enorme.

 Por Martín Cagliani

mcagliani@gmail.com

Una nueva hipótesis simplifica la evolución humana

La publicación del estudio del cráneo n.5 descubierto en el yacimiento georgiano de Dmanisi ha reavivado el debate sobre si han existido muchas especies humanas –quizás una decena– o tal vez solo ha habido tres o cuatro. Dicho de otro modo, lo que está verdaderamente en juego es si la evolución humana ha sido ramificada o más bien lineal, y la multiplicidad de especies es aparente, por haberse subestimado la variabilidad intraespecífica.

FUENTE: CARLOS A. MARMELADA-Aceprensa

El estudio ha aparecido en la revista Science y viene firmado por el paleoantropólogo georgiano David Lordkipanidze y otros colegas. Según estos investigadores, el cráneo, que fue hallado en la campaña de 2005 y es conocido como D4500, presenta unas características jamás observada hasta ahora en un mismo espécimen de esa antigüedad (1,8 millones de años). En efecto, la caja craneal es de apenas 546 cm3 (el promedio de los humanos actuales es de 1.350 cm3); pero y la cara es grande aunque con rasgos arcaicos, tales como unos arcos superciliares pronunciados, una mandíbula también grande (aunque descubierta en 2000, ellos creen que pertenece al mismo individuo) y dientes de un tamaño mayor del que corresponde a un cráneo tan pequeño.

La escasa capacidad craneal de este espécimen ha llevado a los investigadores a concluir que los primeros humanos no necesitaron poseer grandes cerebros para abandonar África y emprender la travesía que les llevaría hasta las estribaciones meridionales del Cáucaso, como se venía suponiendo hasta hace poco. En cambio, se estima que las proporciones corporales de este individuo ya debían de ser como las nuestras: brazos más cortos que las piernas, mediría en torno al metro y medio y pesaría unos 50 kilos.

El yacimiento de Dmanisi viene proporcionando restos humanos desde 1991 y los hallazgos realizados allí han sido verdaderamente sorprendentes. Se han encontrado restos fosilizados correspondientes al menos a cinco individuos distintos, que el anterior director de este yacimiento asignó a una especie nueva: Homo georgicus. Serían unos humanos que todavía no dominaban el fuego y tenían una industria lítica rudimentaria pero que les permitió adaptarse al entorno de aquel paraje caucásico, cuyas condiciones climáticas eran más benignas que en la actualidad.

Cinco especies reducidas a una

Pero lo más sorprendente de todo son las conclusiones a las que llegan los autores de la investigación en relación a la posición filogenética de este cráneo. Según ellos, durante los primeros estadios de la evolución humana solamente existió una especie, que algunos de ellos consideran que fue H. erectus. De modo que todos los fósiles de H. rudolfensis, H. habilis y H. ergaster hallados en África, así como los de H. georgicus, deberían atribuirse a H. erectus; un clado que debería de comprender, según ellos, una gran variabilidad, aunque no más de la que se observa hoy en día en nuestra propia especie. Tal tesis choca frontalmente con la práctica, tan extendida en la paleoantropología, de usar las variaciones de los rasgos morfológicos para definir especies nuevas.

Ya se han alzado algunas voces contra esta propuesta. Para empezar, no todos los científicos están de acuerdo en que los fósiles hallados en Dmanisi representen a una misma especie humana: hay quienes dicen que podrían pertenecer, al menos, a dos distintas. Otros, como Fred Spoor, del instituto Max Planck de Biología Evolutiva, considera inadmisible incluir los cráneos africanos de H. habilis dentro del grupo de los H. erectus. Él mismo, recuerda, ya en 2007 presentó en Nature un fragmento de maxilar derecho de H. habilis y una calota de H. erectus que evidenciaban elementos distintivos entre estas especies; el de Dmanisi, afirma, se podría relacionar más con esta última especie que con la otra.

Ron Clarke, de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo), opina lo contrario; y ve más semejanzas entre D4500 y los H. habilis africanos que con los H. erectus. José María Bermúdez de Castro, codirector de los yacimientos de Atapuerca junto con Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell, considera que es una temeridad ir tan lejos con estos datos y extrapolar las conclusiones sobre Dmanisi a todos los yacimientos africanos de 2,5 a 1,5 millones de años. También Arsuaga opina que es una hipótesis precipitada.

En lo que sí coincide todo el mundo, más allá de las repercusiones taxonómicas, es en reconocer el gran valor científico que tiene este cráneo para ampliar nuestro conocimiento de las primeras etapas del desarrollo del género humano. El yacimiento de Dmanisi se ha demostrado de gran importancia y promete nuevos descubrimientos de gran interés.

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