Síndrome alcohólico fetal

Se lo conoce también como trastorno del espectro alcohólico fetal, y describe los diferentes síntomas que aparecen de forma individual en aquellos niños cuyas madres han estado consumiendo bebidas alcohólicas durante el embarazo, desde rasgos faciales anormales hasta lesiones irreversibles físicas y mentales para el resto de su vida.

El 9 de septiembre se celebra el día mundial del síndrome alcohólico fetal (SAF), que es un trastorno permanente provocado por la exposición del embrión y del feto al alcohol ingerido por la madre durante el periodo de gestación

Este síndrome afecta al 1% de los recién nacidos en Europa y es la principal causa de retraso mental y malformaciones en el bebé, incluyendo la muerte fetal. También puede producir en menor o mayor medida alteraciones en el desarrollo del niño, como complicaciones físicas, psíquicas, conductuales y alteraciones en el aprendizaje.

El síndrome alcohólico fetal fue nombrado en 1973 por dos especialistas en malformaciones, Kenneth Lyons Jones y David W. Smith, de la Escuela Médica de la Universidad de Washington, en Seattle. Estos médicos identificaron un patrón de defectos craneofaciales, en las extremidades y cardiovasculares, asociados con deficiencias en el crecimiento prenatal y demoras en el desarrollo (Jones et al 1973, p. 1267). El patrón de malformaciones indicaba que el daño era prenatal. La noticia de este descubrimiento fue impactante, y en un principio se encontró con rechazos y actitudes de descreimiento.

El Dr. Paul Lemoine de Nantes, Francia, había ya publicado un estudio en una publicación francesa en 1968 sobre chicos con características distintivas cuyas madres eran alcohólicas. Los descubrimientos de Nantes y Washington fueron luego confirmados por un grupo de investigación de Gothenburg, Suecia, en 1979.

Investigadores en Francia, Suecia y Estados Unidos estaban sorprendidos por lo parecido que esos chicos se veían, aunque no estaban relacionados (familiarmente), y por lo parecido que eran sus comportamientos, siempre sin foco (desconcentrados) e hiperactivos.

En los primeros cuatro años desde el descubrimiento en Washington, se hicieron estudios en animales (incluso en primates) en el Centro de Primates de la Universidad de Washington, a cargo del Dr. Sterling Clarren, que confirmaron que el alcohol era un generador de malformaciones. Para 1978, 245 casos de este síndrome habían sido informados por investigadores médicos, y el síndrome comenzó a ser descrito como el más frecuente.

Lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta en qué medida puede el alcohol consumido en el embarazo afectar al feto en gestación, pues en cada mujer puede tener un efecto distinto, por tanto la recomendación es la de no beber ni una sola gota de alcohol durante el embarazo.

Cuando una mujer bebe alcohol durante el embarazo, se arriesga a dar a luz a un bebé que pagará las consecuencias -con deficiencias mentales y físicas- para el resto de su vida. Aún así, aproximadamente una de cada cinco mujeres embarazadas bebe alcohol y se calcula que cada año en los Estados Unidos, uno de cada 750 bebés nace con el síndrome de alcoholismo fetal (SAF)completo. Otros 50.000 niños nacen cada año con efecto alcohólico fetal (EAF). Numerosos estudios indican que el 25 % de las embarazadas españolas bebe alcohol, alrededor de un 35-50 % en Holanda, e incluso más en Reino Unido e Irlanda.

Para seguir con las estadísticas, los niños que nacen con Síndrome Alcohólico Fetal sufren retraso mental en el 90% de los casos, fracaso escolar en el 60% y alteración de conducta, también en el 60%.

Es mucha la información de la que disponemos sobre los efectos del alcohol en el feto, y lo curioso es que es un mal cien por ciento prevenible eliminando por completo su consumo durante el embarazo y aún así los casos aumentan día a día.

SIGNOS Y SÍNTOMAS

El síndrome de alcoholismo fetal se identifica por un patrón de anormalidades físicas, funcionales y de desarrollo que sufre un niño como consecuencia del consumo de alcohol por parte de la madre durante el embarazo. Las características de los niños con síndrome de alcoholismo fetal son:

  • Poco peso al nacer
  • Circunferencia pequeña de la cabeza
  • Falta de crecimiento
  • Retraso en el desarrollo
  • Falla orgánica
  • Anormalidades faciales, que incluyen ojos de tamaño inferior al normal, mejillas aplanadas y la ranura entre la nariz y el labio superior (filtro) mal desarrollada.
  • Epilepsia
  • Coordinación deficiente del sistema locomotor
  • Poca capacidad de socialización, como dificultad para establecer y mantener relaciones amistosas y relaciones manejarse en grupo
  • Falta de imaginación o curiosidad
  • Dificultades de aprendizaje, que incluyen disminución de memoria, incapacidad para entender conceptos como tiempo y dinero, mala comprensión del lenguaje, o poca capacidad para resolver problemas
  • Problemas de comportamiento, que incluyen hiperactividad, incapacidad de concentración, retraimiento social, testarudez, impulsividad y ansiedad
  • Los niños con efecto alcohólico fetal muestran los mismos síntomas, pero con menor gravedad.

Diagnóstico y efectos a largo plazo

“Es esencial hacer un diagnóstico precoz”, afirma Ronnie Jacobs del Bergen County New Jersey Council on Alcohol and Drug Abuse. “Debemos recordar que estos niños no son un problema, sino que tienen un problema. Tenemos que cambiar nuestro modo de pensar porque los niños no van a cambiar. SAF, EAF y ANDRA son trastornos permanentes que no tienen curación”.

La psicóloga Ann Streissguth, pionera en el campo del síndrome de alcoholismo fetal ha llevado a cabo numerosos investigaciones que identifican los efectos a largo plazo de este síndrome y del EAF. Dichos estudios muestran que los problemas relacionados con el síndrome se intensifican a medida que el niño va creciendo. La mayoría de los adultos que han sido objeto de su estudio padecían problemas mentales, habían tenido problemas con la justicia y eran incapaces de vivir independientemente.
Los profesionales que trabajan diariamente con familias de víctimas del síndrome y de los efectos del alcoholismo fetal ya han empezado a notar cambios importantes. “Las recientes investigaciones han logrado una toma de conciencia sobre la importancia de ofrecer una intervención temprana para niños diagnosticados con este síndrome”, afirma Wilton. “Los programas de desarrollo y estimulación iniciados entre el nacimiento y los 5 años producen resultados notables.”

¿Cuánto alcohol es demasiado?

Está claro que el abuso de alcohol durante el embarazo es peligroso, pero ¿qué ocurre si se toma una copa de vez en cuando? ¿Qué cantidad de alcohol se considera excesiva durante el embarazo?
No existen pruebas que determinen exactamente qué cantidad de alcohol producirá defectos de nacimiento. Cada mujer procesa el alcohol de manera diferente. Otros factores varían también los resultados, como la edad de la madre, la hora y la frecuencia de la ingestión de alcohol, y si la madre ingiere algún alimento cuando bebe.
Muchos médicos creen que una copita de vino de vez en cuando durante el embarazo no supone ningún riesgo para el feto. Sin embargo, como señala Linda Nicholson, asesora genética en un hospital de niños: “No sabemos qué cantidad el alcohol resulta perjudicial, así que se aconseja no beber nada.” A pesar de que SAF completamente desarrollado es el resultado del consumo crónico de alcohol durante el embarazo, EAF y ANDRA pueden ocurrir con sólo una bebida ocasional o con una borrachera.

Como el alcohol pasa fácilmente la barrera de la placenta y el feto está menos equipado para eliminar el alcohol que su madre, el feto tiende a recibir una concentración muy alta de alcohol, que además permanece en él durante más tiempo.
Nicholson lo llama “desarrollo bajo la influencia”. “Los niños cuyas madres beben durante el primer trimestre del embarazo son los que tienen los problemas más graves, ya que es durante este período cuando el cerebro se está desarrollando”, afirma. “Las conexiones del cerebro del niño no se acaban de desarrollar adecuadamente en presencia del alcohol. Naturalmente, en los primeros meses, muchas mujeres ni siquiera saben que están embarazadas.” Nicholson sugiere que las mujeres que planifiquen quedar embarazadas adopten comportamientos saludables antes de hacerlo.
Es posible que las mujeres que se abstienen de consumir alcohol durante los primeros meses del embarazo, se sientan seguras de poder ingerir bebidas alcohólicas en los últimos meses. Pero algunos de los estados de desarrollo más complejos tienen lugar durante el segundo y el tercer trimestre, períodos en los que el sistema nervioso puede quedar gravemente afectado por el alcohol. La información reciente revela que incluso el consumo moderado de alcohol y especialmente las borracheras esporádicas, pueden dañar gravemente el sistema nervioso en desarrollo.
“A la confusión se suma que muchos médicos y obstetras se sientan muy incómodos de hacer preguntas sobre consumo de alcohol en sus pacientes”, afirma Jacobs.
El Dr. Dace Svikis, director de programas para The Center for Addiction and Pregnancy en el John Hopkins Bayview Medical Center, está de acuerdo. Algunos médicos “introducen el tema de la bebida como una doble negativa: ‘Usted no bebe, ¿no es cierto?’”. Algunas mujeres piensan que la única respuesta posible es “no” y a menudo la conversación sobre el consumo de alcohol finaliza así, afirma el Dr. Svikis. “Tal vez algunos médicos no sabrían qué hacer si una mujer les dice: ‘Sí, bebo alcohol’, por lo tanto simplemente prefieren no preguntar.”

El objetivo es la prevención

La tragedia del caso es que el síndrome de alcoholismo fetal es totalmente evitable. La mejor manera de evitarlo es no beber.

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