La Amazonia, delicado momento

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, anunció su decisión de impulsar la prospección petrolera en la reserva amazónica del Parque Yasuní, lugar que fue declarado reserva mundial de la biósfera  en 1989 por la Unesco. El mandatario de Ecuador pidió autorización para ello a la Asamblea Nacional, de mayoría oficialista, para iniciar la actividad petrolera en las zonas protegidas del bloque  Ishpingo, Tambococha y Tiputini (ITT).

“El mundo nos ha fallado”, declaró el mandatario Correa, en alusión al fracaso de su iniciativa  de lograr una indemnización a cargo de la comunidad internacional, para no tener que recurrir a la reserva de la Amazonia.

Durante 2008, el presidente de Ecuador propuso ante la asamblea de la ONU, no tocar ese crudo bajo tierra, y evitar las emisiones de 400 millones de toneladas de CO2 –uno de los gases responsables del calentamiento global-, a cambio de una compensación  de US$ 3.600 millones en 12 años. De esa “indemnización”, Ecuador recibió apenas US$ 13,3 millones en seis años, o sea el equivalente al 0,37% del total que aspiraba a recibir.

Los aportes de empresas privadas o de países como Bélgica, Chile, Francia, Italia, España e Indonesia están depositados en un fideicomiso administrado por el Programa de las Naciones Unidos para el Desarrollo.

Rafael Correa ha intentado calmar las críticas de los ambientalistas, al asegurar que “la actividad extractiva no podrá desarrollarse en un área superior al 1% del Parque Nacional Yasuní”, cuya extensión supera el millón de hectáreas. Esto no convence a Adrian Soria, un biólogo de 38 años y uno de los cientos de manifestantes congregados frente al palacio presidencial Carondelet en la capital: “Yasuní es importante para la humanidad y como ecuatorianos podemos influir (…) Yasuní debe ser preservado y eso es más importante que el crudo”, según declaró a Reuters.  David Romo, codirector de la estación científica de biodiversidad Tiputini de la Universidad San Francisco contó a la agencia AFP que el Parque Yasuní tiene “la mayor biodiversidad por kilómetro cuadrado en toda la Amazonía”. Es un lugar donde conviven unos 11.000 indígenas (quichuas y waorani) con la “naturaleza en estado prístino”.

En la Constitución de 2008 se prohíbe expresamente la explotación de recursos no renovables en áreas protegidas, pero le otorga la potestad al presidente de autorizarla si lo considera de “interés nacional”, previo permiso del Congreso.

DEFORESTACIÓN EN AUMENTO

La deforestación de la Amazonia aumentó en el último año tras casi una década de drástica reducción, apuntan indicadores aún provisorios, que encienden una alerta sobre el delicado momento que vive la mayor selva tropical del planeta.

Policías custodian camiones cargados de troncos que fueron cortados ilegalmente.AP

Entre agosto de 2012 y junio de 2013, el Instituto del Hombre y Medio Ambiente de la Amazonia (Imazon), que es privado, detectó un aumento de 100% en la deforestación. Los indicadores mensuales del gobierno también sugieren un incremento, aunque mucho menor.

Brasil consiguió reducir la devastación de su selva a 4.571 kilómetros cuadrados en 2012, el mínimo en décadas, tras el alarmante máximo de 27.772 kilómetros cuadrados en 2004.

La medición anual va de agosto a julio, y la deforestación real del último año – que confirmará si hubo o no aumento -, recién se conocerá en noviembre, con información de los satélites más precisos.

La ministra del Medio Ambiente, Izabella Teixeira, reconoció que ha aumentado la presión tras la fuerte reducción de la deforestación en 2012, pero afirmó no esperar un aumento de la tala cuando salgan los datos definitivos.

“Estamos trabajando duro para que no aumente la deforestación, tenemos el mayor contingente de personas trabajando en la Amazonia”, añadió.

Las cifras de la deforestación coinciden con grandes obras y leyes que afectan a la región, aprobadas por un Congreso que tiene una poderosa bancada favorable a los agronegocios en este gigante país productor de materias primas.

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Reforma.

Tras años de fuertes debates, en octubre fue sancionada una reforma del Código Forestal, impulsada por la bancada agropecuaria y enfrentada por los ecologistas. Esa ley define qué porcentaje de bosque tienen que preservar los agricultores en sus propiedades, que llega hasta 80% en Amazonia.

“Una de las razones del reciente aumento de la deforestación fue el Código Forestal: provocó un rumor que el productor interpretó como una amnistía” a quienes deforestan, declaró el secretario de Municipios Verdes del estado de Pará, Justiniano Netto.

El gobierno brasileño, presidido por Dilma Rousseff, “continúa impulsando grandes obras, pero no creó nuevas áreas protegidas y casi no demarcó tierras indígenas, que son barreras contra la deforestación”, dijo el responsable de Amazonia de Greenpeace, Paulo Adario.

“Al mismo tiempo depende del apoyo de un frente político, (que integra) el agronegocio, que tiene un gran poder que no tenía antes, y una agenda muy clara de revisión de políticas indígenas y áreas protegidas”, agregó.

Los indígenas están en pie de guerra ante iniciativas en debate en el Congreso, como la posibilidad de instalar concesiones mineras o arriendo a agricultores en sus tierras, y que sea el parlamento quien demarque sus territorios, destacó Cleber Buzzatto, secretario ejecutivo del Consejo Indigenista (CIMI).

“Es un proceso de ataque violento a los derechos indígenas”, dijo.

Líderes de 121 etnias invadieron la Cámara de Diputados en abril para reclamar sus derechos y acusaron a la presidenta de ser anti-indígena.

Dureza.

Los analistas se resisten a concluir que el aumento indicado en la deforestación esté marcando una nueva tendencia en el país que en ocho años redujo en más de 80% la devastación de la selva, pero advierten que hay que poner manos a la obra.

“Brasil tiene las armas para seguir reduciendo la deforestación, pero no puede aflojar las reglas, precisa dejar claro que no aceptará amnistías y actuará con dureza contra quienes deforestan”, afirmó Adalberto Veríssimo, investigador del Imazon.

Los analistas identifican una nueva tendencia en la deforestación: la especulación sobre la tierra alentada por grandes obras de infraestructura, como centrales hidroeléctricas, carreteras o puertos, que mejoran la perspectiva de desarrollo económico. “Brasil tiene que invertir en la prevención: muchos de los daños ambientales y sociales de esas obras pueden ser prevenidos”, afirmó Ian Thompson, director del progama Amazonia de la ONG The Nature Conservancy.

Una reciente medida siembra esperanza: el Instituto de la Reforma Agraria del gobierno se comprometió la semana pasada a reducir en 80%, para 2020, la deforestación en los territorios de la Amazonia entregados a los campesinos sin tierra, donde se denunció un significativo aumento de devastación.

Control.

En tanto, autoridades brasileñas intensificaron la presencia de fiscales en la Amazonia, el bosque húmedo que cubre el norte del país, para contener un potencial aumento en la deforestación ilegal, informóla ministra del Medio Ambiente.

La ministra aseguró en un seminario sobre la Amazonia que nunca antes hubo tantos agentes de seguridad en la región para responder a un cambio en la forma en que opera la tala ilegal. Explicó que en lugar de hacer grandes cortes en áreas boscosas se hace una tala selectiva que resulta más difícil de detectar por el sistema satelital de monitoreo en la región.

“No puedo decir el número pero desde el 1 de enero tenemos el mayor contingente que se ha enviado a la Amazonia. Hay gente que ha pasado 90 días seguidos en la región, estamos trasladando fiscales de todo el país porque la presión aumentó“, declaró Teixeira.

Dijo que además de los cortes fragmentados de bosque, los extractores ilegales de madera buscan formas de evadir el control como pintar sus tractores de verde para camuflarlos en el bosque.

“Cuando la deforestación llega a menos de 5.000 kilómetros cuadrados por año, la presión crece porque hay menos espacio para operar, por eso estamos trabajando con fiscales ambientales, la Fuerza Nacional de Seguridad, agencias de inteligencia, el Ejército para contener la deforestación“, dijo la ministra. “Lo que queremos es que al menos no aumente la deforestación“, agregó.

Cambio.

Ese año se creó un plan de combate a la deforestación en la Amazonia con la participación de 14 ministerios.

La coordinadora del plan, Juliana Simoes, reconoció que la deforestación ha crecido este año en los estados de Pará y Tocantins, aunque cayó en los otros siete que conforman la Amazonia. No obstante, se mostró confiada en que Brasil alcanzará la meta que se propuso dentro de las negociaciones sobre cambio climático de reducir la destrucción del bosque a 3.925 kilómetros cuadrados en 2020.

Explicó que el esfuerzo contará con la ayuda de una modernización en el sistema satelital de vigilancia en tiempo real de la actividad en la Amazonia.

“La deforestación está cambiando, están talando cada vez más espacios pequeños que resultan más difíciles de detectar, así que tenemos que adaptarnos“, comentó. Para ello, el próximo año comenzarán a utilizar un satélite de la India.

Martins Neto, un deforestador que cambió su estrategia

Brasilia | AFP

“Decían que era el mejor lugar para vivir”, afirma Luiz Martins Neto al explicar por qué en 1989 se mudó a Sao Félix do Xingú, entonces un Eldorado con selva virgen, oro y una gran área indígena en la Amazonia, que hoy lucha contra su historia de deforestación.

Martins Neto, de 54 años, consiguió su primera propiedad como muchos en esa época: con fuego y un hacha.

“En aquel tiempo, cuánto más deforestabas, mejor era tu vida y más tierra conseguías”, explica sobre la política que incentivó la acelerada ocupación de la mayor selva tropical del planeta, especialmente durante la dictadura (1964-85).

Hoy el señor Luiz integra un proyecto modelo de agropecuaria que aprovecha áreas ya deforestadas y no quita espacio al bosque. También se pone al día con su deuda ambiental, recuperando la selva que el reformado Código Forestal, que entró en vigor en octubre, le obliga a mantener intacta, y que alcanza hasta 80% de cada propiedad en la Amazonía.

“Uno aprende a hacer las cosas bien”, dice con sonrisa orgullosa bajo el sombrero de paja. Frente a su pequeña hacienda, rodeada de un prado y un gigantesco tronco muerto de `castanheira` (el árbol de la nuez de Brasil) son el visible legado de la deforestación del pasado.

Esta es la historia de muchos en Sao Felix do Xingú, un municipio casi del tamaño de Portugal y 90.000 habitantes, al sureste del estado de Pará (norte), donde territorios indígenas y parques ocupan la mitad del espacio.

Pero también es un polo minero y ganadero -hay más de dos millones de cabezas de ganado-, que atrae a multinacionales, en este gigantesco país exportador de materias primas, situación que complica al gobierno y a ecologistas.

Las cifras

5 mil km2 de deforestación son, aproximadamente, los registrados en 2012.

80 por ciento se redujo la devastación de la selva amazónica en los últimos ocho años.

Sao Felix do Xingü | AP Y AFP

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Un comentario en “La Amazonia, delicado momento

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