Arte con arroz

JAPON. AGROGLIFOS EN INAKADATE

Desde hace un tiempo, las imágenes dan vuelta por la web: a primera vista parecen un truco nacido del retoque de imágenes, pero son bien reales y ya hicieron viajar a mucha gente para conocer las increíbles obras del arte efímero que los campesinos japoneses crean en sus campos de arroz.

¿Es posible ver hoy todavía samurais en Japón? Hay que buscarlos en los arrozales. No es porque sean los nuevos guardianes de los cultivos en el Japón posmoderno, sino porque son el motivo más usado en una de las formas de arte más inesperadas que existen: dibujos hechos con plantines de arroz en la campiña nipona. “Cultura en los cultivos”, por usar un juego de palabras.

Muchos recuerdan los campos de trigo de Inglaterra y sus extrañas formas geométricas, supuestamente trazadas por extraterrestres, que se podían ver sólo desde el cielo como si fuese un elaborado lenguaje extraterrestre. En realidad esos “crop circles” o agroglifos, como se los llama técnicamente, fueron la obra conjunta de colectivos de arte y campesinos bromistas, tal como se supo con el tiempo: quién sabe si al mismo tiempo inspiraron la idea de hacer arte en sus campos a los arroceros de la región de Inakadate, en el norte de Honshu, la principal isla del archipiélago japonés.

Allá en Japón todo empezó en 1993 y con el tiempo se convirtió en una atracción que se expandió mucho más allá de las costas del archipiélago. Tal vez un día los dibujos de los campos de arroz serán tan concurridos como los senderos entre los cerezos florecidos que son la marca distintiva de la bella primavera japonesa.

ARTE TANBO Sin tinta y sin colorantes, los granjeros japoneses crean sus dibujos a partir de varias especies de arroz que al crecer toman diferentes coloraciones de verde. Esta forma de arte se llama Tanbo y sin duda requiere una paciencia digna del gran vecino chino: no sólo hay que sembrar el arroz planta por planta siguiendo un patrón muy riguroso, sino que hay que esperar varias semanas para ver cómo empieza a formarse el dibujo, que finalmente logrará todo su esplendor un poco antes de la cosecha.

Todo empezó como una idea para revitalizar esta comarca agrícola. Inakadate es un pueblo chico para los parámetros japoneses, pero con más de 8000 habitantes en otros países bien podría ser una pequeña ciudad. Para hacerlo conocer y frenar su declive, sus pobladores encontraron en el arte la forma de hacerse un lugar en el mundo. A tal punto que ya en el año 2006 recibieron a más de 200.000 personas para ver sus “dibujos con arroz”.

En los últimos años se pudo admirar un guerrero de la época Sengoku (siglo XVI), el samurai Naoe Kanetsugu (una figura histórica del siglo XV) y hasta un Napoléon a caballo (una reproducción de la obra de Jacques-Louis David Bonaparte cruzando el paso del Gran San Bernardo).

Así, el arroz revela su versatilidad, no sólo en la cocina sino también en el arte, con miles de obras latentes en sus mínimos granos, siempre y cuando se tengan a mano las numerosas variedades necesarias para crear todos los matices de verde claro, oscuro (casi negro) y amarillento que crean estas obras “de temporada”, que terminan inexorablemente segadas por la hoz de quienes las plantaron y “dibujaron” con maestría en sus campos inundados.

EXPANSION DEL TANBO  Ultimamente, el éxito de los campesinos de Inakadate fue tal que el arte Tanbo empezó a “brotar” –por decirlo con un término apropiado– en otros sectores rurales de Japón. Sin embargo, no es para cualquier campo, ni para cualquier pueblo: porque una vez plantados, estos dibujos deben ser admirados. En Inakadate se los ve desde la torre del ayuntamiento, una construcción moderna en un estilo que se podría calificar de administrativo-oriental, que parece inspirado en las construcciones de los parque de diversiones norteamericanos. Sobre un costado tiene un torreón de 22 metros de altura con techos curvados, y sobre todo un balcón que lo rodea y es “el” lugar desde donde se pudo ver surgir el primer campo de arte Tanbo de Japón, en una parcela rectangular justo a sus pies.

ARROZ DE LA MAÑANA A LA NOCHE Durante los primeros nueve años, hasta 2002, se repitió cada año el mismo dibujo, una representación del Monte Iwaki. Ese volcán parece el hermano menor del famoso Fujiyama, una de las montañas más famosas de Japón. Es también el emblema de la región de Inakadate, en el norte de la gran isla de Honshu.

Con el tiempo, los campesinos se animaron a más y empezaron a crear otros tipos de dibujos con más variedades de arroz y patrones de plantación realizados por computadora, para lograr efectos de color, pero también de perspectiva. Porque, como en los dibujos de tiza sobre las veredas de las grandes ciudades, estos diseños se deben mirar desde un solo ángulo preciso para verlos en dos dimensiones.

Durante una visita a los campos de arte Tanbo se aprende mucho también sobre el cultivo del arroz y sus técnicas, algo que ya se practicaba en esa región del norte de Japón hace más de dos mil años, tal como se pudo comprobar con investigaciones históricas y arqueológicas. Se aprende también que el arroz es una planta anual, y que la variedad más difundida en Japón es una de grano corto, que se pega durante la cocción: por lo tanto, resulta ideal para la elaboración del archifamoso sushi.

A pesar de que Japón se asocia con la última tecnología, recorrer los campos de Inakadate revela que el cultivo de este grano está muy poco automatizado y necesita mucha mano de obra: cuando es época de plantar y cosechar, se pueden ver decenas de personas, hasta familias enteras, participando en lo que se convirtió durante estos últimos años en una fiesta más que en una tarea agrícola. Muchos se suman activamente y otros tantos sólo van a curiosear alrededor del gran arrozal detrás del ayuntamiento. ¿Qué obra saldrá de allí cuando empiecen a crecer los plantines? ¿La computadora de los artistas habrá calculado bien los ángulos de la perspectiva del dibujo y los contrastes de colores? La respuesta tarda muchas semanas en tener una respuesta.

En Inakadate se planta arroz entre fines de mayo y principios de junio. Los plantines que se colocan con cuidado en los campos, a la vera misma de las rutas y del pequeño centro, ya tienen sus colores: verde, amarillo y casi negro, que son los tres matices básicos del Tanbo. El dibujo empieza a aparecer, como si fuese una imagen digital muy lavada al principio, luego de varias semanas. A principios de julio ya está tomando forma y se adivinan el motivo y el trazado.

El crecimiento de este arte en los últimos años, así como el incremento de la superficie usada para realizarlo, logró establecer acuerdos entre los dueños de las distintas parcelas: así se pudo llegar a un “lienzo” de 15.000 metros cuadrados, para crear imágenes cada vez más grandes. La cosecha se hace en otoño, por especie de planta, así que la imagen desaparece poco a poco, color por color, guardando algo de su belleza hasta el último barrido de la hozz

Informe: Pierre Dumas

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