Paleontología china

¿Cómo era el mundo hace 140 millones de años? Un yacimiento de fósiles, excepcional por la cantidad y calidad de las piezas, permite reconstruir por primera vez la comunidad ecológica del tiempo de los dinosaurios. Los  paleontólogos no dan crédito. ¿Por qué aquí, en la cantera de Sihetun, al noreste de China, se han conservado íntegros los esqueletos, los tejidos  e incluso el contenido gástrico de los animales petrificados?

En mitad de la noche el convoy se detiene en una pequeña estación ferroviaria de la provincia de Liaoning tras un largo recorrido desde Beijing a través de la región nororiental de China. Durante las largas horas del día anterior, desde la ventanilla del tren sólo se veían monótonas extensiones de tierras pardas que parecían no tener límite. A la mañana siguiente, el paisaje no podía ser más desolador: una sucesión de colinas cubiertas literalmente de campos de maíz. En numerosos puntos el suelo se había agrietado y por las hendiduras de la fina capa de tierra arable afloraba el estrato rocoso. Pasado un pueblo llamado Sihetun, el conductor detiene el vehículo todo terreno al borde de una cantera impresionante. Hemos llegado a nuestro destino.

Historia geológica de la Tierra

En este lugar unos cien hombres golpean, machacan y revuelven la corteza de la tierra de un yacimiento que se ha localizado en las laderas de una cordillera. A lo largo de varios kilómetros se observan múltiples estratos de roca horizontales atravesados por unas estructuras en sentido vertical. Una auténtica cámara del tesoro para la historia geológica de la Tierra. Es fácil llegar a esta conclusión con sólo ver las planchas de piedra que me muestra Chen Pei-Ji, investigador especializado en Ciencias de la Tierra; forman parte de los hallazgos extraídos por los trabajadores en este yacimiento. Se trata de las filigranas impresas en la piedra de una enorme cantidad de fósiles y esqueletos de animales y vegetales: hojas, semillas, mosquitos, libélulas, coleópteros, arácnidos… También hay conchas, valvas y caparazones fosilizados de gasterópodos, moluscos, cangrejos y langostas, así como esqueletos mineralizados de peces, ranas y de unos esbeltos reptiles que, junto a cuerpos diminutos, presentan cuellos y colas extremadamente largos. De vez en cuando aparecen la coraza, el cráneo y otros huesos de tortugas de agua de mayor tamaño, así como la osamenta de saurios tanto de pequeñas como de grandes dimensiones. Entre todo aquel material óseo Chen descubre por doquier huellas impresionantes de flores y plumas de aves, desde finos plumones a robustas estructuras queratinosas de las alas. Sobre todo hay una cosa que fascina a este profesor de la Universidad de Nanking: con frecuencia, al separar las finísimas láminas de las losas, el fósil que se conserva en su interior se fracciona en dos mitades idénticas, a modo de imágenes reflejadas en un espejo. Como si los hallazgos fósiles cumplieran los ideales chinos de belleza y simetría, al igual que ocurría con las famosas vasijas de la época de los emperadores Ming, de las que se fabricaban siempre dos ejemplares gemelos tanto en la forma como en los motivos decorativos. En la cantera de Sihetun es como si se abriera una ventana por la que pudiéramos contemplar el mundo que existió hace entre 120 y 140 millones de años, es decir, en el periodo geológico del Jurásico Tardío y el Cretácico Inferior. Además, hasta la fecha es única en el mundo y en los anales de las investigaciones paleontológicas, así como en la ciencia del desarrollo de los seres vivos. Aquí yacen depositados tal cantidad y tal variedad de fósiles que con ellos se podría reconstruir por primera vez en la historia una comunidad biótica o ecológica completa (biocenosis) del tiempo de los dinosaurios. En los sedimentos se han conservado gran número y variedad de especies que habitaban tanto en la tierra, como en las aguas de los ríos y los lagos. Este rico tesoro se completa con una abundancia increíble de microorganismos fósiles que debieron constituir entonces la base alimenticia de este ecosistema tan complejo y diversificado.

¿Cómo se creó este yacimiento de fósiles?

Carnívoros

Mientras en otros lugares sólo se hallan huesos petrificados de saurios aislados, aquí se encuentra todo aquello que en su tiempo rodeó y formó parte de la vida de estos gigantes. Los científicos chinos lo denominan “Comunidad biótica de Jehol”. Jehol es el nombre de la antigua capital residencial de los emperadores chinos y también designa una provincia. ¿Cómo se originó esta inmensa fosa? En general, el hallazgo de fósiles es extremadamente difícil porque tienen que concurrir muchos factores para que una criatura muerta pueda librarse de entrar a formar parte del ciclo de transformación que afecta a la materia orgánica sobre la superficie terrestre y para que los sedimentos lleguen a sepultarla y se complete el proceso de mineralización, es decir, que se convierta en piedra. En el caso de microorganismos marinos las posibilidades de que esto ocurra son básicamente mayores que en los seres que habitan sobre la tierra, ya que los primeros, al morir, se hunden en el fondo, donde quedan protegidos del viento y de las inclemencias climatológicas. Además, aunque allí los sedimentos se están depositando constantemente sobre el cadáver, se estima que sólo uno entre muchos millones de individuos de una especie llega a convertirse en fósil con el paso del tiempo. Esto se debe a que la petrificación o mineralización de la materia orgánica depende, por otra parte, de la composición química de los sedimentos que intervienen durante esos cambios cíclicos que experimentan los cuerpos orgánicos enterrados entre las capas geológicas. Es decir, el fenómeno de fosilización está sujeto a un proceso en el que las placas que conforman la corteza terrestre, dispuestas a modo de mosaico, se desplazan, colisionan unas con otras, se apilan y forman plegamientos montañosos y, finalmente, junto a los fósiles contenidos en su interior, vuelven a convertirse en sedimentos por efecto de la erosión de rocas anteriores.

Piezas a analizar

En una obra publicada en 1830 y titulada Principios de geología, el fundador de la geología moderna, el escocés Charles Lyell, describía así las posibilidades de descubrir un fósil: “Raramente acontece que un animal terrestre sea transportado por corrientes de agua o por los ríos hasta el mar, pero aún es menos probable que ese cadáver arrastrado hasta el océano, una vez allí, no sea devorado por los tiburones… Pero aún suponiendo que resista a estos ataques y que se hunda y quede depositado en un lugar donde se acumulen los sedimentos, y aunque los innumerables peligros que acecharán al cadáver en lo sucesivo no logren borrar toda huella de él y éste consiga llegar hasta nosotros encerrado desde tiempos inmemoriales en la sólida roca, aún así ¿cómo podemos saber si alguna vez llegaremos a dar con él por pura casualidad, alojado como está en un punto diminuto en las profundidades del inmenso océano?” Entretanto, tenemos que agradecer a la Revolución Industrial del siglo XVIII el que, a pesar de todas estas circunstancias adversas, lospaleontólogos hayan logrado reconstruir un panorama bastante completo de los últimos 600 millones de años de la historia geológica y del origen de la vida sobre la Tierra. En aquella época se perforó masivamente la corteza terrestre en busca de materias primas: combustibles fósiles (carbón) y minerales. En aquel tiempo, el inglés William Smith desarrolló la cronología de los estratos de roca, la estratigrafía Smith planteó que se podían determinar las diferentes estructuras geológicas, y por tanto las épocas en que éstas se habían formado, mediante los fósiles contenidos en sus diversas capas. Los estratos de roca, identificables por su color y disposición, muchas veces se han apilado unos sobre otros en lugares diferentes y de forma irregular. Pero el orden de sucesión de los fósiles sigue siendo el mismo. En la historia geológica de la Tierra, estos “fósiles guía” son como las páginas de un diario de piedra. Así se deduce forzosamente que el material petrificado que está situado a mayor profundidad, o sea, el más antiguo, corresponde a los fósiles más primitivos, y los de las capas más altas a los fósiles más jóvenes, es decir, a formas más evolucionadas. Esta afirmación está en la base de muchos enunciados de la teoría de la evolución. En el transcurso de más de dos siglos, y gracias al método estratigráfico, los especialistas enCiencias de la Tierra han logrado encajar como en un puzzle los fragmentos de roca dispersos por todo el mundo, creando con ellos un cuadro de conjunto y de ahí, precisamente, el valor que tiene la biocenosis de Jehol para estos estudios.

Piezas únicas de esqueletos de dinosaurios

Un primer indicio sobre la génesis de este descomunal yacimiento viene dado por el estado de conservación de sus fósiles. Los esqueletos se han mantenido aquí íntegros o, como dirían los paleontólogos, articulados. Esto significa que se han hallado con sus piezas unidas como en un animal vivo. En algunos esqueletos de dinosaurios subsisten dentro del esqueleto, junto a restos de tejidos blandos, huevos sin poner, e incluso en ciertos casos hasta el contenido gástrico. Esto es muy poco habitual porque los cadáveres de los animales muertos son descuartizados por los carroñeros o necrófagos, que dispersan las distintas partes del esqueleto por todos los puntos cardinales. También es usual que cuando el proceso de descomposición de los restos mortales tiene lugar en el agua, en su etapa final el cráneo se separe del esqueleto y siga su propio camino. Sólo existen algunas excepciones a esta regla. ¿Acaso todas las especies de la comunidad biótica de Jehol  perecieron en el mismo lugar y al mismo tiempo y se cubrieron de sedimentos con tal celeridad que no les dio tiempo a que sus distintas partes constitutivas se fragmentaran? Chen me conduce hasta una pared escarpada de la cantera que está guarnecida con cintas de colores. En ella dominan los estratos grises. Entre ellos se observan abundantes residuos de tonos amarillentos. El profesor me invita a triturar estos sedimentos entre los dedos.   Al tacto, los residuos grises resultan grasientos y Chen explica que se trata de depósitos del fondo de grandes lagos. Sin embargo, los sedimentos amarillentos, con una consistencia de polvo seco, es toba originada a partir de cenizas volcánicas. Según Chen, aquí habría ocurrido algo similar a lo que sucedió en ladestrucción de Pompeya. La violenta explosión del Vesubio del año 79 después de Cristo produjo una colosal nube piroclástica de gases y ceniza que cubrió la región y arrasó y sepultó en poco tiempo los lugares hasta donde se extendió. Cuando Pompeya, situada a los pies del volcán, fue redescubierta en 1748, los arqueólogos encontraron entre las ruinas, las vías y las calles de la ciudad a muchos de sus habitantes encapsulados en gruesas capas de ceniza. También hallaron en las mismas condiciones los cuerpos de diversos animales: perros, palomas, etcétera.

¿Cómo llegaron a petrificarse?

Debieron producirse sucesivas explosiones volcánicas  de este tipo y fueron las que acabaron casi por completo con cada una de las comunidades bióticas de Jehol. Asfixiados in situ por los gases y abrasados por las cenizas candentes, todas las especies quedaron sepultadas en el suelo o se sumergieron en el fondo de los ríos y luego se cubrieron rápidamente con grandes masas de ceniza. El fósil de un pterosaurio o sauropsido volador, que ha sido exhumado recientemente por los científicos, ilustra de forma muy plástica el dramático acontecimiento. El animal tenía el largo hueso del ala (que mantenía la piel tensada) atravesado dentro del pico. Esto lo había provocado o bien la furia y la turbulencia de la nube piroclástica cuando el bicho se encontraba aún en el aire, o bien éste se había precipitado al suelo y en su lucha contra la muerte se había mordido el ala. Se conocía la existencia de las formaciones rocosas que constituyen este yacimiento paleontológico desde la década de los años veinte del siglo pasado. Este tesoro ocupa una extensión equivalente al territorio de toda Europa occidental: desde la península de Corea se extiende por toda la zona nororiental de China hasta Mongolia. Pero en el momento en que se depositaron los sedimentos, es decir, en el medioevo de la historia geológica de la Tierra, el Mesozoico, el mapa del mundo tenía un aspecto totalmente diferente al actual. Todos los continentes meridionales, es decir, África,  Sudamérica, India y la Antártida se agrupaban en un formidable bloque de tierra: el supercontinente de Gondwana. El hemisferio Norte estaba ocupado por la masa de tierra de Laurasia. Ésta se dividió posteriormente dando lugar a América del Norte, Asia y Europa. Asia Oriental se constituyó a partir de fragmentos de Laurasia: la conjunción de dos placas continentales chinas, una meridional y otra septentrional, en la cual se habían depositado la mayor parte de los sedimentos de Jehol.

Como un espejo

En el mesozoico hubo una serie de movimientos complejos y violentos en las antiguas placas tectónicas de la corteza terrestre que provocaron la colisión de la placa china septentrional con aquella zona de la corteza terrestre que acabó formando el fondo del océano Pacífico. Durante el desplazamiento de las placas tectónicas, la litosfera oceánica –compuesta de materiales más duros– se hundió bajo la placa continental (caracterizada por rocas de menor peso específico, es decir, menos densas) en el límite de las placas convergentes, dando lugar a un aumento relativo de la presión y la temperatura que derritieron parcialmente la corteza terrestre. Este es un proceso que continúa en la actualidad. Como consecuencia de este fenómeno de subducción, se sucedieron una serie de erupciones volcánicas , temblores y terremotos desoladores que se extendieron desde la península de Kamchatka hasta Japón, y fueron también los “artífices” de la formación geológica de Jehol. Al principio, transcurrieron décadas en las que apenas se les prestó atención. Pero en 1993 unos paleontólogos descubrieron entre las piezas de una colección mineralógica privada en Beijing un extraño fósil.

Grandes hallazgos: el pie de la bestia

El dueño se lo había comprado a un campesino residente en la provincia de Liaoning y el análisis científico del hallazgo arrojó resultados sorprendentes. Un aura de plumas oscuras cubría el cuerpo de la criatura.En las extremidades anteriores se reconocían claramente plumas muy largas y de muchas clases, pero al mismo tiempo se apreciaban unas garras en forma de hoz como las que tenían los dinosaurios predadores para poder asir a su presa. No cabía la menor duda: los expertos tenían ante sus ojos un pájaro primitivo perfectamente equipado para poder volar. En honor al filósofo Confucio, le dieron el nombre deConfuciusornis. Durante mucho tiempo, el archaeopteryx  hallado en 1861 en las calizas litográficas de Solnhofen (Alemania) era el único testigo del origen filogénico de las aves. Dado que aún poseía muchos rasgos anatómicos característicos de los reptiles, se suponía que las aves estaban emparentadas con los saurios y que habían evolucionado a partir de éstos. Y ahora Confuciusornis venía a corroborar esta tesis. Y la historia en China continuó su curso.  Llegó 1996 y un buen día Ji Qiang, director del Museo Nacional de Geología y Paleontología en Beijing, recibió un paquete postal. El remitente era un comerciante en fósiles, residente también en la provincia de Liaoning. En el interior de la caja, Ji encontró los restos de una criatura que tenía el tamaño aproximado de una gallina, poseía un cráneo de gran tamaño, dientes afilados como agujas, extremidades anteriores muy cortas, unas patas largas y robustas y una larga cola. No sólo se habían conservado los huesos, sino algunos tejidos e incluso órganos: partes blandas que raramente se fosilizan. Ji jamás había visto un animal semejante. Unos campesinos lo habían hallado en un campo de maíz en las afueras de la aldea de Sihetun donde residían. Tras un examen más detallado, el científico descubrió entre las costillas incluso restos de la última comida que había ingerido la criatura: huesos y dientes de un pequeño mamífero. En conjunto, las características anatómicas de este animal cazador fosilizado indicaban que se trataba de unaespecie de dinosaurio depredador que caminaba sobre dos patas y pertenecía al grupo de losTheropoda (“pie de bestia”), que también está relacionado con los temidos géneros Velociraptor yTyrannosaurus.

Pero había algo que llamaba poderosamente la atención: una especie de costura oscura, fina y deshilachada recorría todo su lomo, desde el pescuezo hasta la cola. Y estos filamentos, según atestiguaba el experto alemán Peter Wellnhofer, poseían claramente una estructura similar a las plumas, es decir, se trataba de protoplumas. Ji y Chen, los investigadores que trabajan conjuntamente en el estudio de este sensacional fósil, estaban seguros de una cosa: tenían en sus manos un “eslabón perdido” entre los saurios y las aves (el lazo de unión que habían echado en falta hasta entonces), un ejemplar mucho más primitivo que elArchaeopteryx y el Confuciusornis. Ambos científicos bautizaron la criatura con el nombre de Sinosauropteryx prima, cuya traducción literal sería la de “primer dragón volador chino”. Poco después apareció en Sihetun otro potencial ascendiente del protopájaro, un miembro aún más primitivo que poseía plumas cortas bien desarrolladas en sus extremidades y garras, y plumas más largas en la cola, pero no eran aptas para el vuelo. A este bicho se le llamóProtarchaeopteryx, predecesor del Archaeopteryx. A continuación fue descubierta una criatura perfectamente dotada de alas, que mereció el nombre de toda la región donde se producían los hallazgos: Jeholornis. En la zona del buche de este pájaro primitivo se encontraron más de 50 semillas de plantas del tamaño de un hueso de cereza, lo que facilitó la profundización en los estudios sobre la ecología de la comunidad biótica de Jehol.

Los primeros pájaros de la Tierra

Estos extraordinarios descubrimientos dieron pie a que el gobierno chino tomara por fin la decisión depreservar los fósiles declarando toda la zona en torno a Sihetun como área paleontológica protegida. A partir de entonces, las excavaciones en este terreno acotado de 46 kilómetros cuadrados sólo estaban permitidas bajo estrecha vigilancia científica. Se desató una verdadera fiebre del protopájaro en toda la provincia de Liaoning. Los campesinos ya no utilizaban sus rejas de arado para preparar los campos de labor, sino para escarbar la tierra en busca de fósiles, tarea que pronto se demostró era mucho más lucrativa. Esta precaria situación aumentaba el peligro de que las investigaciones pudieran quedar fuera de control. Y esto fue efectivamente lo que sucedió. Revistas como National Geographic cayeron en la trampa de unos falsificadores al publicar una noticia sobre el Archaeoraptor liaoningensis. Según se denunció más tarde, este ejemplar no era sino un fino trabajo de manualidades, en el que se habían ensamblado diferentes piezas del esqueleto de otros tantos géneros de animales fósiles. Oficialmente, las excavaciones privadas en busca de fósiles y su comercialización continúan siendo ilegales en China. Pero pese a las rigurosas prohibiciones, en la mayoría de los casos el gobierno se ve impotente para impedir los robos organizados y el contrabando. Tesoros como los que se ocultan en toda la región alrededor de Jehol son sencillamente inabarcables como para poder establecer una guardia. En la trastienda de muchas pequeñas granjas, familias campesinas enteras se ocupan de limpiar y maquillar los fósiles que han extraído de forma ilícita de los yacimientos. Los modelos que les sirven para esta actividad se los proporcionan las fotos y dibujos que aparecen en publicaciones científicas y populares. Con frecuencia, muchos aficionados articulan absurdas criaturas fósiles a partir de los restos de diferentes especies. Entre las más atinadas de estas últimas y las descubiertas por los científicos se ha establecido una extraña competencia. Mientras los impostores fabrican imitaciones que incluso podrían parecer concluyentes desde el punto de vista anatómico, pero que no son sino falsos “eslabones perdidos” entre los saurios y las aves (algo así como si quisieran participar a posteriori en el desarrollo evolutivo de animales de los tiempos pretéritos), los científicos, por su parte, no cesan de realizar nuevos descubrimientos a cual más espectacular. Entretanto, algunos fósiles auténticos superan la realidad e incluso la fantasía de las réplicas falsas más logradas.

Vegetarianos

Para los antropólogos cada vez resultaba más complicado identificar y clasificar la avalancha de nuevos hallazgos que se sucedían en la comunidad biótica de Jehol. A un ritmo trepidante los operarios de la cantera –sobre todo la de Sihetun– exhumaban cada mes nuevos ejemplares de los que se podían incluir en la categoría de “eslabones perdidos”, entre ellos un dinosaurio predador del tamaño de un avestruz, uno de los más antiguos ancestros del Tyrannosaurus, y un saurio vegetariano, pesado y torpe que caminaba sobre cuatro patas. Al igual que en el caso del Sinosauropteryx, una gruesa capa de protoplumas cubría sus cuerpos.

Grandes predadores de Sihetun

Al mismo tiempo, muchos científicos llegaron a la conclusión de que en un principio el desarrollo de las plumas constituyó un mecanismo de adaptación para defenderse contra los rigores del clima. Mark Norell, un investigador norteamericano experto en dinosaurios, sugiere que incluso el Tyrannosaurus rex pudo haber tenido su cuerpo cubierto de plumas, o al menos sus crías. Ciertos estudios sobre el crecimiento de las estructuras óseas han revelado que el tamaño corporal y el peso de los grandes predadores había aumentado muy rápidamente. Por esta razón ya no se incluyen en la categoría de reptiles de sangre fría, sino de “sangre caliente”, o animales que mantienen homeostasis térmica, cuya descendencia, en todo caso, debía disponer de una protección para evitar la pérdida de calor. Por otra parte, debía evitarse que la sangre de los animales adultos, que llegaban a alcanzar un peso de varias toneladas, se recalentara durante la encarnizada lucha contra su presa mientras cazaban. Por eso, su plumaje fue desapareciendo paulatinamente con el transcurso de las generaciones. Lo mismo que pierden el pelo del cuerpo los elefantes adolescentes, opina Norell.   Otro ejemplar emplumado, rescatado por los paleontólogos de la formación geológica de Jehol, conservaba la típica postura que adoptan al dormir las aves acuáticas. Pero en este caso se trataba de un saurio del tamaño de un ánade, emparentado desde el punto de vista filogenético con el Tyrannosaurus. Lo más probable es que muriera asfixiado en el lugar donde le sorprendió una violenta oleada de gas y ceniza causada por una erupción volcánica . Tenía la cabeza flexionada hacia atrás y escondida entre las extremidades delanteras, que en su caso se cubrían de plumas, mientras que su larga cola, similar a la de los reptiles, se enroscaba en torno al cuerpo. ¿Un saurio sólo del tamaño de un pato? Para un lego la imagen de un saurópsido suele estar asociada a un animal de tamaño gigantesco. Sin embargo, en realidad los saurios, al igual que ocurre con la fauna actual, ocuparon múltiples y diversos nichos ecológicos de su hábitat natural.  En consecuencia, también existió una inmensa variedad en lo que respecta a la talla corporal. De los sedimentos de la formación geológica de Jehol se sacaron a la luz también los restos de un saurio adulto, cuyas reducidas dimensiones desconcertaron incluso a los expertos. El animal era tan pequeño como un ratón, o mejor dicho, como un gorrión, ya que su cuerpecillo estaba cubierto de una y otra capa de plumas. Acerca del tamaño sobredimensionado de la garra de este fósil en relación con el resto de su cuerpo, el profesor Chen concluye que la minúscula rapaz debió vivir y cazar en aquel tiempo como lo hacen en la actualidad las ardillas, es decir, saltando por las copas de los árboles. A este animal diminuto se le dio el nombre de Epidendrosaurus. En el año 2002 se descubrió una criatura aún más singular. El fósil se ha conservado durante más de cien millones de años en tan buen estado que se distingue hasta el mínimo detalle de su anatomía. También en esta ocasión nos encontramos ante un saurio depredador del grupo de los terápodos. Mide en total 77 centímetros, aunque la mayor parte de esta longitud se debe a su enorme cola, porque el resto del cuerpo no abulta más que un mirlo. Para asombro de los especialistas, el animalito poseía alas tanto en sus extremidades anteriores como en sus patitas, y éstas se caracterizaban por unas plumas de diseño aerodinámico muy avanzado, por lo que con toda probabilidad le permitían volar. ¡Un saurópsido nada menos que con cuatro alas! Pero en su esqueleto aún no se encontraba la quilla distintiva de los pájaros, el hueso donde descansan los fuertes músculos que permiten volar a las aves. En cambio, el Microraptor gui, como fue bautizada la extraña criatura, posee unas garras afiladas y en forma de garfio en los dedos de sus extremidades anteriores y en las patas muy apropiadas para trepar y planear de árbol en árbol.

China: huesos petrificados

El descubrimiento de estos dos seres vivos en miniatura permitió que algunos expertos en ornitología, como el profesor Stefan Peters del Instituto Senckenberg en Francfort del Meno, confiraran la teoría de que los primeros pájaros  saurios no eran capaces de volar por sí mismos, sino que muchas pequeñas especies de saurópsidos se vieron impelidos en su lucha por la supervivencia y la presión demográfica a refugiarse en las copas de los árboles. En principio, un espacio vital perfecto para ir desarrollando las protoplumas que originalmente sólo tenían la función de proporcionarles calor, así como la musculatura, que les permitió planear al principio y, finalmente, volar.

La aldea de Sihetun

Junto a estos curiosos saurios emplumados han ido apareciendo en los distintos estratos de roca de la región noreste de China cada vez un mayor número de especies ornitológicas con su plumaje completamente desarrollado. Sólo del protopájaro Confuciusornis se han hallado más de mil ejemplares. La cuestión principal que se plantea el profesor Chen es cómo se explica que en este rincón del mundo se aceleraran durante un periodo de tiempo relativamente corto y de forma muy evidente los mecanismos de la evolución, porque la biodiversidad de la comunidad biótica de la formación geológica de Jehol es impresionante. La incógnita es la siguiente: ¿la multiplicidad de hallazgos fue consecuencia de una hecatombe insólita unida a unas condiciones de sedimentación perfectas, o existió aquí  una abundancia de formas de vida muy por encima de la media en otros lugares del planeta? Sea cual fuere la respuesta, de lo que no cabe duda es de que coexistieron formas primitivas, como elSinosauropteryx, un bicho cubierto de protoplumas, o el Protarchaeopteryxt, junto a aves, como elConfuciusornis, totalmente desarrolladas en un lapso de tiempo de sólo uno o dos millones de año, lo que en términos de evolución biológica representa unos cambios muy rápidos en el perfil genético de esos animales y la aparición fulgurante de nuevas especies. Por si esto fuera poco, los estratos de Jehol muestran otros procesos extraordinarios de la evolución. En ellos se encuentran también restos fósiles de los más antiguos ancestros del hombre, de mamíferos primitivos de pequeño tamaño que, según las últimas teorías, sobrevivían como las ratas, mal que bien, a la sombra de los saurios y de los protopájaros. Pero más tarde, los campesinos desenterraron el cráneo y el esqueleto de un mamífero del tamaño de un gato. El Repenomamus robustus, como lo llamaron los científicos, poseía una mandíbula terrorífica. Allí, entre sus costillas, donde se supone que se situaba el estómago, se hallaron los huesos de una cría de dinosaurio que estaba provista de pico. Y poco después se produjo otro descubrimiento, en esta ocasión un ser pariente del anterior, pero que duplicaba su tamaño, el Repenomamus giganticus. Además, entre los sedimentos de Jehol se documentaron en cantidades ingentes los restos de plantas fanerógamas y un filo de éstas, las angiospermas.

Tesoros paleontológicos en la historia de la humanidad

Para los científicos involucrados en estas investigaciones está claro desde hace tiempo que la provincia china de Liaoning representa un foco de irradiación cultural de primera magnitud para sus estudios. Jamás se había descubierto un área tan inmensa y con tal riqueza de tesoros paleontológicos en la historia de la humanidad.  Irradiación cultural es ese proceso evolutivo en el que una especie se desdobla en varias razas y luego surgen nuevas especies, y el desenvolvimiento de las especies continúa indefinidamente. La piedra angular del universo biológico moderno en nuestro planeta debió encontrarse en las tierras de la China actual, en un clima cálido y húmedo, donde el proceso se aceleró a golpe de violentas catástrofes naturales. Al final de la investigación, Chen me conduce de nuevo a una pared de la cantera. La multiplicidad de capas de ceniza acumuladas demuestra la frecuencia con la que debieron sucederse las erupciones volcánicas en tiempos remotos. Al ritmo de estas convulsiones, los miembros de la comunidad biótica de Jehol se iban retirando hacia las áreas que no se habían visto afectadas, y allí se aglomeraban. En estas islas de población comenzaba la dura lucha por la supervivencia del más fuerte. Muchas especies no resistieron. Pero esta tensión aceleró al mismo tiempo el ritmo y la vitalidad del proceso evolutivo. De igual manera, el mundo habitado por los microorganismos, elemento esencial de todo ecosistema, se revolucionó extraordinariamente, lo que constituyó a su vez la base para el origen de otras especies. El surgimiento de nuevas formas de vida se realizó a un ritmo mucho más rápido de lo que sucede bajo circunstancias normales ya que el aislamiento geográfico de las poblaciones favorece la aceleración relativa de su desarrollo y autonomía. En aquel rincón del planeta los acontecimientos desempeñaron el papel de un gigantesco generador de la evolución, cuyas huellas en ningún lugar son tan elocuentes como en la modesta aldea china de Sihetun.

 © Uwe George

El ‘tirano de Zhucheng’, un pariente del Tiranosaurio Rex hallado en China

 Recreación artística del nuevo dinosaurio. | Cretaceous Research

Al igual que su ‘primo’, el mítico Tiranosaurio rex, era un depredador temible con potentes mandíbulas, enormes patas traseras y unos brazos proporcionalmente diminutos. Medía cuatro metros de altura, 11 metros de la cabeza a la cola y pesaba seis toneladas. Así era el‘Zhuchengtyrannus magnus’, una nueva especie de dinosaurio carnívoro cuyos restos fosilizados se han descubierto en China.

“No cabe duda de que el ‘Zhuchengtyrannus’ era un enorme tiranosáurido“, ha explicado el doctor David Hone, del University College de Dublín (Irlanda), que ha dirigido la investigación, en declaraciones a la BBC. “Los huesos que hemos encontrado son sólo un poco más pequeños que sus equivalente en los ejemplares más grandes que conocemos del Tiranosaurio Rex”.

El nombre con el que se ha bautizado a esta impresionante criatura significa ‘tirano de Zhucheng’, en referencia a la ciudad donde se halló, en la provincia de Shandong (este de China). El descubrimiento se acaba de publicar en el último número de la revista ‘Cretaceous Research’.

Los tiranosáuridos eran una familia de terópodos gigantes que existieron en los territorios de Norteamérica y Asia oriental durante el Cretácico superior, hace entre 99 y 65 millones de años.

Este grupo de dinosaurios, que muchos expertos consideran los ancestros de las aves actuales, eran carnívoros gigantescos con poderosísimas mandíbulas y brazos pequeños.

Sin embargo, el fósil del ‘Zhuchengtyrannus’ se diferencia de otros tiranosáuridos, ya que su cráneo tiene algunas características que nunca se habían visto hasta ahora, como un hueso de mandíbula con una fila de ocho dientes que ha sorprendido a los autores del hallazgo.

Entre los científicos que han participado en la investigación se encuentra el profesor Xu Xing, del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Pekín, un auténtico ‘Indiana Jones’ de su disciplina que ha descubierto y bautizado más de 30 nuevas especies de dinosaurios.

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